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En defensa del Olivar de Chamartín

APOYO DE GUILLERMO CARRASCÓN

Cuando era un estudiante de Filología española en la Universidad Autónoma de Madrid, sobre el año 1983, recibí con gran alegría, como todos mis compañeros, a un nuevo profesor, Diego Catalán, a cuya madre, Jimena Menéndez Pidal me honré en tratar durante varios años, desde 1976 hasta su muerte, gracias al Convento Cisterciense de Buenafuente del Sistal. Diego Catalán nos daba clase de Dialectolgía Hispánica, pero nos enseñó mucho más que eso: el amor por la lengua y por su estudio, el orgullo de inserirnos en una tradición secular de estudiosos que se dejan las pestañas por puro amor del conocimiento, sin esperar más paga ni más reconocimiento que la humildad siempre mayor que se deriva de saber cada vez un poquito más y conseguir transmitir algo de ese amor y ese saber a otros.
Desde que empezó a darnos clase, sus alumnos nos divertíamos - y en el fondo de nuestro corazón nos enorgullecíamos - refiriéndonos a Don Ramón Menéndez Pidal como "el abuelo", como si por ser alumnos de su nieto nos tocase también a nosotros algo del parentesco.
En 1985, en cambio, gracias a mi compañero Luis Alburquerque, hoy en día investigador del CSIC, tuve la suerte de visitar la casa de Dámaso Alonso, cercana a la sede de la fundación y antigua casa de Menéndez Pidal, y me quedé asombrado al ver como aquel insigne erudito, ya anciano, saltaba de una habitación a otra, eligiendo con seguridad entre los miles de libros que tapizaban hasta las escaleras los que podían ser útiles a aquellos dos estudiantes casi imberbes. Su cabeza era todavía un perfecto fichero de aquella inagotable biblioteca. Así tuve ocasión de conocer el Olivar de Chamartín.
Sólo la más despreciable avidez de lucro y la incultura más arrogante pueden ignorar lo que significan en la historia de la cultura española las figuras de estos insignes estudiosos, cuyos vestigios deberían ser venerados aun cuando no fuerna activos, tanto más siendo como son activa fábrica de saber y erudición, fuente preclara de conocimiento que debería ser protegido como santuario de la más noble esencia del espíritu humano.
Me uno con este testimonio a todas las protestas que se han alzado contra el acoso indecente que la Fundación Ramón Areces está llevando a cabo contra la sede madrileña de la Fundación Menéndez Pidal, exigiendo la intervención inmediata de todos los que tengan autoridad para impedir tan bárbaro atropello.

Guillermo Carrascón
Ricercatore di Letteratura Spagnola
Università di Modena e Reggio Emilia
Facoltà di Lettere e Filosofia
Vice Director Area didáctico-lingüística
Università degli Studi di Torino
Dipartimento di Scienze Letterarie e Filologiche
Revista de lenguas y literaturas ibéricas y latinoamericanas
Università degli Studi di Torino
Dipartimento di Scienze Letterarie e Filologiche
artifara@artifara.com

Imagen: Romance de don Manuel glosado por Padilla (Archivo Digital Menéndez Pidal)

Para leer el resto de las cartas de quienes nos han dado permiso para publicarlas: "Cartas de los Amigos del Olivar de Chamartín

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