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En defensa del Olivar de Chamartín

La ciencia española: siglos XIX y XX

LA VANGUARDIA, 25 MARZO 1930: INTELECTUALES CASTELLANOS Y CATALANES.


NOTAS DEL DÍA

Intelectuales castellanos y catalanes. Actos de confraternidad

Cariñosísimo recibimiento

      Para esperar el segundo expreso de Madrid, en el cual debía llegar a Barcelona el último grupo de intelectuales castellanos, se congregó en el apeadero de Gracia un gran gentío, al frente del cual figuraban conocidas personalidades catalanas, destacadas en las ciencias, las letras y las artes. Púbiico, en general, formado por elementos pertenecientes a las profesiones liberales, pero en el que la masa popular estaba también numerosamente representada.
      Una parte considerable de la gente que esperaba bajó a los andenes del apeadero, apostándose el resto frente a la salida de la estación, en la calle de Claris. Ni que decir tiene que en lugar preferente del andén se hallaban todos los firmantes de la invitación dirigida a los intelectuales castellanos, sin otras ausencias que las que la imposibilidad material impuso. Además se hallaban presentes representaciones del Ateneo Barcelonés, «Fundació Bernat Metge», Ateneo Enciclopédico Popular, Reales Academias, Círculo Artístico, Casa de Castilla y otras muchas entidades. También acudieron al apeadero algunos de los intelectuales llegados a Barcelona la noche anterior o en el primer expreso, que eran los señores «Juan de la Encina», Luzuriaga, Giménez Caballero, Castillejo, Sánchez Albornoz, Pedro Salinas, Américo Castro, Araquistain, Álvarez del Vayo, García Martí, Eugenio Montes, Bagaría, Álvaro de Albornoz, Benjamín Jarnés, Tomás Borrás, Félix Lorenzo, Diez Cañedo, Azaña, Lasso de la Vega, Ledesma, Zubiria, Insúa, Millares, Ruíz Manent, Baeza, Fernando de los Ríos y Ortega y Gasset, estos dos últimos llegados el día anterior de Granada y París, respectivamente.
      Al entrar en agujas el tren que conducía a los ilustres viajeros estalló una gran ovación, que se prolongó hasta que los expedicionarios bajaron de los coches que ocupaban.
       Los llegados eran los señores Menéndez Pidal, doctor Marañón, Ossorio y Gallardo, «Fabián Vidal», Pérez de Ayala, Urgoiti, Sangroniz, Pittaluga, Zulueta, Jiménez Asúa, Tapia, Rivera Pastor, Marichalar, Bergamín, Ballesteros, Bravo, Martínez Sierra y Bello.
       Los aplausos se volvieron a repetir, con entusiastas vivas, aumentando aún el entusiasmo al salir nuestros ilustres huéspedes a la calle de Claris en donde la muchedumbre les rodeó, vitoreándoles.
      Visiblemente emocionados respondían a la afectuosísima acogida y muestras de simpatía con cariñosos saludos y frases de agradecimiento.
      En distintos coches preparados al efecto se fueron acomodando. Mas, ante las insistencias de la multitud, el doctor Marañón decidió ir a pie hasta el hotel Rítz, acompañado por gran número de personas, que no cesaron de aplaudirle y vitorearle.
    El público, cada vez más numeroso, se estacionó ante el Ritz, esperando oír la palabra de los intelectuales castellanos. Al poco aparecieron en el balcón principal los ilustres visitantes, a los que la muchedumbre acogió con grandes ovaciones.
    Entonces los señores Ossorio y Gallardo y Marañón, a requerimientos del público, se vieron obligados a hablar brevemente desde el balcón para agradecer la cariñosa acogida, saludaron a Cataluña en nombre de Castilla y «aceptan el homenaje del pueblo de Barcelona como una prueba de su sincero amor a la cultura y la ciudadanía.»
    Una vez satisfechos los anhelos populares, la manifestación, que había interrumpido la circulación de tranvías y autos por la Gran Vía, se disolvió, no sin antes renovar los aplausos como despedida.

En la plaza de San Jaime

      Desde antes de las doce comenzaron a estacionarse nutridos grupos en la Plaza de San Jaime. El público se situaba frente a las Casas Consistoriales aguardando con impaciencia la llogada de los intelectuales.
      Ante la avalancha de gente que se congregaba allí los guardias de seguridad de a caballo comenzaron a evolucionar para despejar la entrada al Ayuntamiento.
      Esto originó algún revuelo y no pocas protestas. Una comisión de manifestantes pasó a entrevistarse con el alcalde, dándole cuenta de la actitud de la policía.
      El alcalde, acompañado del jefe de la guardia urbana, señor Ribé, bajó entonces a la plaza y rogó al jefe que mandaba la fuerza pública que permitiera la estancia del público frente al Palacio municipal, como así se hizo.
       La gestión del conde de Güell fue acogida por el público con una calurosa ovación.

En el Ayuntamiento

      A las doce y media llegaron los intelectuales castellanos al Ayuntamiento, para asistir al «lunch» organizado en su honor por el alcalde en nombre de la ciudad.
     Fueron recibidos por el conde de Güell, el señor Martínez Domingo y casi todos los concejales y altos empleados de la casa.
      Después de las salutaciones de rigor, los intelectuales castellanos, divididos en grupos y acompañados del alcalde, concejales e intelectuales catalanes, visitaron las principales dependencias, pasando luego al Salón de Ciento, donde habían sido colocadas las mesas para el «lunch».
      El histórico salón,  significado de la intelectualidad catalana, se llenó de invitados y señoras.
      Los ilustres huéspedes castellanos al hacer su entrada en el Salón de Ciento fueron recibidos con el mismo entusiasmo con que había sido subrayado su paso por la Plaza de San Jaime al entrar en el Palacio municipal.
      Hecho el silencio, el alcalde, conde de Güell rodeado de intelectuales castellanos y catalanes, pronunció el siguiente discurso:
     «Señores: Honrado por Su Majestad el Rey con el cargo de alcalde de esta ciudad, que significa representación del pueblo barcelonés, constituye el más elemental de los deberes en el desempeño de este puesto, el hacerme eco de los estados de opinión de éste; deber fácil de cumplir cuando concuerda con lo que a uno el corazón le dicta.
      Señores: Yo sería indigno de poner mi nombre, cual lo hago todos los días, bajo un epígrafe que dice: «El alcalde de Barcelona», si en esta ocasión no hubiera solicitado yo mismo que se me asignara el primer lugar en este homenaje, testimonio de agradecimiento que Cataluña entera, pues se han adherido a mí Gerona, Lérida y Tarragona, que Cataluña entera rinde a los ilustres representantes de la intelectualidad de toda España, en testimonio de gratitud, porque ellos en un momento difícil para Cataluña tuvieron un gesto de hidalguía ideológica amparando la cultura y la lengua de Cataluña, y defendiendo, por tanto, el derecho a la vida del alma catalana.
      Permitidme que en esta ocasión os haga algunas consideraciones sobre el acto que realizamos.
      Después de presentaros a vosotros el testimonio de Cataluña agradecida, quiero deciros delante de los catalanes aquí reunidos, que a mí vuestro gesto no me ha sorprendido. No me ha sorprendido porque sois intelectuales y porque sois españoles. La intelectualidad no ha revestido nunca en ninguna raza forma más elevada que la de la comprensión, la transigencia y la admiración al saber ajeno. Pero yo quiero recordaros, además, que, porque sois españoles, es gloriosa vuestra ascendencia en la intelectualidad castellana. Yo quiero recordaros en esta ocasión que en el mil quinientos, cuando las espadas españolas conquistaban un Nuevo Mundo y unían tierras en las que no se ponía el sol, vuestros ascendientes,  los intelectuales de aquel siglo, que se llamaban Las
Casas Sahagún, Molina, Orozco, Olmos y Carochi, eran los autores y ellos mismos quienes editaban los diccionarios, gramáticas y obras literarias de recopilaciones aztecas, y quienes formaban, a expensas del erario público y de los magnates y los Reyes de Castilla, lo que constituye los tesoros reunidos en las estanterías de El Escorial, y son todavía, para admiración del mundo en relación con aquellas regiones y aquella cultura, lo que el centro tan criticado de los Estudis Catalans de nuestra lengua y nuestra cultura, que habéis defendido.
      Comprenderéis que si eso era, como os he dicho, tratándose de las Indias occidentales, por fechas del mil quinientos, y en países conquistados por las armas, no me podía a mi sorprender vuestro gesto en el siglo veinte, ante la lengua y la cultura de un pueblo nunca por nadie conquistado, que se unió libremente a Castilla por pactos forales de respeto a mutuas libertades; pactos escritos, suscritos, sellados y jurados por sus Reyes.
      Y aunque no deseo hacer un estudio de erudición, no quiero tampoco pasar del dieciséis a esta fecha de hoy, como con el silencio de una tumba del saber en España; porque hubo otros muchos, y no puedo menos que citar a aquellos dos hombres insignes, maestro y discípulo que juntos admiraron las culturas que ambos representaban y que se llamaron Mila y Fontanals y Menéndez Pelayo, y aquel ilustre Jovellanos que,  ante este mismo problema español y dentro de su idea del Estado unitario, dio como solución la tan halagadora para Cataluña de que se trasladara la capitalidad de España a Barcelona.
      Y ahora os diré por qué razón sin contar vuestro número ha dado Cataluña tanto valor a vuestro gesto como si fuera un R. D. Esto es porque representáis la intelectualidad de España, y todos sabemos que la intelectualidad en todos los países es su vanguardia, porque mientras no se cambie la ley que rige la evolución en el progreso del mundo, lo que los intelectuales sentís, pensáis, decís, queréis y hacéis, es lo que algún tiempo después han de pensar, decir, querer y hacer todos ios demás, aun los que os critiquen, y todos sabemos que en la Historia de los pueblos no se cuentan los minutos.
      Señores: En esta mañana feliz, bajo estas piedras vetustas y estos arcos medievales que han vivido todos los episodios al través
de la historia de la unión de estos dos pueblos, yo os digo a los representantes de  intelectualidad de toda España, que Cataluña os queda agradecida, y os digo a vosotros, los catalanes que me oís, que no olvidéis que la intransigencia, las imposiciones y el imperialismo miniaturizado, no son sino plantas da la decadencia española; que la verdadera España es la que antes os recordé y la que hoy representan estos amigos de Cataluña que nos visitan, y por eso yo, que por mi sentir y por mi nombre soy tan catalán como el que más lo sea, que tanto quiero a España, os pido que admiréis y améis a España.» (Grandes aplausos.)
      A continuación habló en nombre de los intelectuales castellanos el señor Américo Castro, quien, en brillantes y elocuentes palabras, que a menudo fueron interrumpidas por los calurosos aplausos del público, comenzó expresando la elevada significación del acto que celebraban.
      Estimo que los intelectuales castellanos han venido a Cataluña para entablar el diálogo de las letras después de acabar el monólogo de las armas.
      Nuestra presencia aquí—añade—no tiene un alcance verdaderamente político, aun cuando haya aquí algunos políticos. La Razón y la Justicia flotan siempre sobre los agobios que ocasionalmente puedan oprimirnos.
      A aquel espontáneo gesto requerido por la mentalidad, por la corrección y por la sensibilidad respondéis hoy vosotros en forma tal que en verdad sentimos hondamente comprometida nuestra responsabilidad y nuestros afectos para durante mucho tiempo.
      El alcalde de Barcelona acaba de hablar de comprensión, de inteligencia, de respeto mutuo, y yo creo que todos nosotros ¿qué otra cosa podemos hacer sino suscribir esas razones? Se trata no sólo de que nos comprendamos, sino de que convivamos. Convivir es sentir que la curva de nuestros intereses se prolonga fuera de nuestro ámbito. Hay que convivir; hay que sentir el mutuo respeto.
      En tanto que el resto de España no emprenda el hecho catalán, España estará sometida a todas las desdichas. (Gran ovación que dura largo rato.)
      Es preciso que de una vez para siempre las gentes no se austen ni se extrañen de que en la Península, de que aquí se hable una lengua además de la oficial. Es preciso comprender ese hecho con todas sus consecuencias; no asustarse de la realidad.
      Vosotros sois uno de los manifiestos hechos vivos en la vida española.
      Es preciso que nos miremos francamente y que nos digamos con el corazón en la mano lo que debemos hacer e ir siempre juntos.
      Quien viene de día de Madrid a Barcelona se explica sin más dudas lo que acontece en este caso. Viniendo ayer de Madrid los comentarios de las gentes curiosas que viajan eran éstos: ¡Parece Asia Menor! ¡Los Balcanes! ¡A veces el Tibet!
      Nos aparta el desierto geográfico entre Cataluña y Madrid. El único gran oasis es la ciudad de Zaragoza.
      Es preciso que ese desierto se colme de ricos oasis espirituales. Que no estemos divididos por esos compartimentos estancos, por esas soluciones de continuidad.
      Para evitar todo esto la cultura es un lazo a propósito.
     Es necesario que aquí se explique en catalán, porque yo prefiero que se haga así que no con la falsa comodidad de una iengua común.
      Diré que en Madrid no se concede el lugar que merecen a las culturas peninsulares, y es indispensable que lleguen allí, sobre todo la cultura catalana. Esta cultura catalana hay que llevarla a Madrid. (Grandes aplausos.)
      Es indispensable que haya más libertad para que toda España se dé el régimen que democrática y culturalmente crea que debe imponer.
     Yo deseo, señores, -termina diciendo el señor Américo Castro- que este día memorable deje un eco en todas nuestras almas, y sobre todo, que este día deje en nosotros un estimulo de responsabilidad y saber que nuestros deberes, desde mañana van a ser mucho más severos y más rigurosos.
      Las últimas palabras del orador son ahogadas con una ovación entusiasta y calurosa que dura varios minutos.
      Terminados los discursos los ilustres huéspedes fueron obsequiados con pastas y vinos.
       Al pasar al antedespacho de la Alcaldía, el conde de Güell acompañado del señor Ossorio y Gallardo y de otros intelectuales, se asomaron al balcón, saludando al gentío que se hallaba estacionado frente a las Casas Consistoriales.
      El público acogió con grandes ovaciones al señor Ossorio, obligándole a pronunciar breves palabras.
      Hace pocos momentos—dijo el señor Ossorio y Gallardo—en ocasión análoga, he tenido oportunidad de expresar la gratitud de todos mis compañeros hacia lo que juzgaba una manifestación de cultura y de libertad.
      Ahora, después de oír unas palabras imborrables por lo elevadas y por lo efusivas del ilustre alcalde de Barcelona, no tengo ni otro deber, ni otra fuerza, ni otro sentimiento que los precisos para testimoniar en nombre y representación de todos mis amigos castellanos, y no quiero equivocarme al decir que de toda Castilla, una palabra de reverencia, de amor y de entusiasmo para esta Cataluña inmortal y gloriosa.
       El público ovaciona delirantemente al señor Ossorio, reclamando también la presencia del doctor Marañón, pero éste se ha ausentado ya.
      En cambio, se asoma el señor Álvaro Albornoz, quien pronuncia breves palabras de salutación que tambiéu se acogen con grandes aplausos.
      A la una y media de la tarde, y después de efusivas pruebas de manifiesta cordialidad catalano-castellana, los intelectuales castellanos se retiraron del Ayuntamiento, siendo despedidos por el alcalde y concejales.
      Al salir el doctor Marañón, ocupando el automóvil de la Alcaldía, que el conde de Güell había puesto galantemente a, su disposición y a la de sus compañeros, el público que continuaba estacionado en la plaza del Ayuntamiento le acogió y despidió con vivas y aplausos.

En la plaza de Cataluña. Una manifestación

      Otro grupo de manifestantes que acompañó a los intelectuales que se hospedan en el Colón, se estacionó frente al edificio, en la Plaza de Cataluña, aplaudiendo insistentemente hasta que a los balcones centrales salieron los ilustres huéspedes para saludar al público.
      El doctor Sáinz Rodríguez pronunció unas palabras de salutación, terminando con un viva a la libertad que fue contestado con fervor por los elementos populares que a poco se retiraron, dirigiéndose a la Plaza de San Jaime formando un compacto grupo.
      A su paso por las Ramblas los manifestantes dieron muchos gritos de «Viva la libertad» y «Queremos la amnistía».
      La manifestación engrosó considerablemente y en vista de sus continuos gritos y aplausos los guardias de seguridad que se hallaban en la Rambla de los Estudios desenvainaron los sables simulando una carga. La manifestación llego sin nuevos incidentes a la Plaza de San Jaime.

El bello rasgo de un chofer

      Durante los momentos que siguieron a la llegada de los intelectuales castellanos, se registró un curioso y bello rasgo que al ser conocido del público fue muy elogiado.
      El señor Ossorio y Gallardo para librarse de la verdadera ola humana que lo arrolló a su salida del apeadero, tomó un taxis, en compañía de su íntimo amigo don José María de Nadal, para dirigirse al Ritz. Y una vez llegados al citado establecimiento el señor Nadal se adelantó a pagar el importe de la carrera, pero el chofer rechazando con amable gesto el dinero que se le daba, lo rehusó, diciendo:
      «Per tractarse d’aquesta diada i del senyor Ossorio, no vull cobrar res.»
      Los señores Nadal y Ossorio agradecieron mucho este desprendimiento del conductor del taxis, insistiendo en que, sin embargo, les cobrara, pero aquél se negó resueltamente, diciendo que se consideraba bien pagado pudiendo contribuir de este modo al homenaje a los escritores castellanos y a los actos de confraternidad que se iban a celebrar.

Almuerzo íntimo a «El Sol» y «La Voz»

      Invitados por el diputado provincial y culto editor barcelonés don Gustavo Gili, el domingo se reunieron a almorzar «A Can Soler»,
la típica taberna de la Barceloneta, el ilustre fundador de los grandes periódicos madrileños «El Sol y «La Voz», don Nicolás María Urgoiti, los directores de ellos, don Félix Lorenzo y don Enrique Fajardo (nuestro querido «Fabián Vidal»), y numerosos redactores y colaboradores. Figuraban entre ellos los señores Baeza, Bagaria, Bello, Castro, Díez-Canedo, «Gaziel», Giménez Caballero, Gómez de la Serna, Luzuriaga, de los Ríos y Zulueta. También se sentaron a la
mesa el ex ministro don Ángel Ossorio y Gallardo y el maestro de la lengua catalana don Pompeyo Fabra.
      El almuerzo transcurrió entre la más cordial camaradería, y nuestros huéspedes castellanos quedaron encantados de las breves horas pasadas en uno de los barrios más característicos de Barcelona. Luego se trasladaron a la Exposición y la recorrieron durante el tiempo que tenían disponible hasta la hora del concierto de homenaje, dado por el «Orfeó Catalá».

El concierto del «Orfeó Cátala»

      A las cinco de la tarde tuvo efecto el concierto que el «Orfeó Cátala» dio en el Palacio Nacional en honor de los intelectuales castellanos. La amplísima sala de fiestas estaba totalmente ocupada de un público fervoroso y entusiasta.
      En las alrededores del Palacio se estacionó una gran multitud que religiosamente escuchaba el concierto que retransmitían los potentes altavoces colocados en la fachada del edificio.

      A las cinco y media hicieron su aparición en el palco central, situado debajo del monumental órgano, los intelectuales castellanos, acompañados del alcalde, conde de Güell, y de buen número de intelectuales catalanes. Una formidable ovación saludó a los ilustres huéspedes, quienes emocionadísimos saludaban al público, correspondiendo a tan cariñosa acogida. El momento fue verdaderamente emocionante. Millares de pañuelos se agitaban al aire saludando a los intelectuales de Castilla.
       Al presentarse en el estrado el «Orfeón, las ovaciones se repitieron. La «senyera», como en el domingo anterior, recibió el entusiasta homenaje del pueblo barcelonés congregado en la amplia sala del Palacio Nacional.
      El concierto se desarrolló según el programa anunciado. A la terminación de cada canción, las ovaciones se repetían con el mismo entusiasmo. El «Cant de la senyera» fue escuchado de pie y entre clamorosos aplausos.
      A la terminación del concierto, los intelectuales castellanos fueron despedidos con grandes aplausos, que se repitieron a la salida del Palacio Nacional.
      Los ilustres huéspedes tributaron muchos elogios al «Orfeó», mostrándose encantados del interesante repertorio que ejecutó.

El banquete del Ritz. Los que asistieron

      Por la noche tuvo efecto en el salón de fiestas del hotel Ritz el banquete denominado de la intelectualidad A él asistieron 516 comensales, entre los que figuraban los más altos valores de las Letras y Ciencias españolas.
      Presidió la fiesta el presidente de la Real Academia de la Lengua Española, don Ramón Menéndez Pidal, quien sentó a su derecha al presidente de la Academia de Medicina de Cataluña, doctor Augusto Pi i Suñer; el de la Academia de Jurisprudencia de Madrid, don Ángel Ossorio Gallardo; el del Ateneo de Madrid, doctor Gregorio Marañón; el del Ateneo Barcelonés, don Pedro Corominas; el literato don Américo Castro y el decano del Colegio de Abogados de Barcelona, don Raimundo de Abadal, y a su izquierda,  el filólogo catalán don Pompeyo Fabra; los catedráticos de la Central don José Ortega Gasset; de la Universidad de Barcelona, doctor Serra Hunter; de la de Granada, don Fernando de los Ríos; de la Central, don Pedro Saínz Rodríguez; de la de Barcelona, doctor Luis Nicolau de Olwer; el novelista don Ramón Pérez de Ayala, y el comediógrafo don Gregorio Martínez Sierra.
      Entre los asistentes figuraban los siguientes intelectuales castellanos: Álvaro de Albornoz, J. Alvarez del Vayo, Luis de Araquistáin, Manuel Azaña, César M. Arconada, Ricardo Baeza, J. A. Balbontín, José Bergamín, Tomás Borrás, Luis Bagaría, Antonio Ballesteros, Luis Bello, Enrique Díez Canedo, Juan Bautista Bravo, José Castillejo, Juan Chabás, Pascual Galindo, Enrique Fajardo «Fabián Vidal», E. Giménez Caballero, V. García Martí, Ramón Gómez de la Serna, R. Gutiérrez de Abascal «Juan de la Encina», Alberto Insúa, L. Jiménez de Asúa, Benjamín Jarnés, J. Jimeno Riera, R. Lasso de la Vega, Julio Just Gimeno, R. Ledesma Ramos, Félix Lorenzo, Lorenzo Luzuriaga, Antonio Marichalar, Agustín Millares, J. Moneva y Puyol, E. Montes, Manuel L. Ortega, Gustavo Pittaluga, J. M. Ruíz Manent, M. Rivera Pastor, Pedro Salinas, J. de Sangroniz, Claudio Sánchez de Albornoz, José Subirá, Luis de Tapia, Nicolás M. de Urgoiti, Ignacio Villalonga y Luis de Zulueta.

      La intelectualidad catalana estuvo representada por los siguientes señores: Joaquín Abella, José Agell, doctor Aiguader, doctor Ayguader, Manuel Ainaud, Julio Ainaud, doctor Alemany, José Almirall, Claudio Ametlla, Enrique d’Angulo, Ángel de Apzainz, Emilio Ardévol, Antonio Asias, Ignacio Armengol, Juan Artigas, Ricardo Barza, Carlos Badía, doctor Balcells, Rafael Ballester, R. Ballesteros, Juan Banús, Federico Barceló, Manuel Carrasco, doctor Bartrina, ,J. M. Bassols, Mariano Bastos, Andrés Bausili, Alberto Bell, Manuel Carrasco, Carrasco Formiguera, Jesús M. Bellido, , A. Bergés Massó, Alberto Bernis, Bertrán Güell, Bertrán Mussitu, J. M. Blanch, Jaime Bofill, Paco Bofill, Pedro Bohigas, Antonio Bordas, José Bordas, Manuel Borras, P. Bosch Gimpera, A. Buxaderes, Jaime Cabarrocas, José Cabré, Agustín Calvet, Jesús Cambó, Sixto Cambra, Antonio Cambra, J. R. Campalans, F. Camps Margarit, Canivell, José Carbonell, D. Carles, Manuel Carrasco, Vicente Muntadas, Francisco Muntanya, J. M. de Nadal, Nicol, Ramón Noger Comet, Pedro Nubiola, Abel Ochoa, Alfonso Olano, Víctor Oliva, Oller Rabassa, F. Ordeig, Juan Ors, Jaime Otero, Tomás Pala, Antonio Palau, Antonio Palau Dolcet, Antonio Par, Carlos Pascual, Pascual Fontcuberta, J. Pellicer, Jaime Pérez, doctor Pesmorola, J. Permanyer, Ramón Peypoch, Jaime Peyri, Santiago Pi Sunyer, José Pla, Alejandro Plana, J. M. Planas, Sebastián Planas, Luis Plandiura, Juan Pons, José Porta, Antonio Pubill, José Puig y Cadafalch, L. Puig de la Bellacasa, J. M. Puig Gener, Alberto Puig Palau, doctor Puig y Sureda, F. Pujols, Francisco Pujols, E. Regasol Pedro Rahola, Agustín Ramoneda, Federico Riber, Javier Regús, Manuel Raventós, Carlos Riba, Ribera Pastor, Ribera Rovira, Felipe Rodés, doctor C. Rofes, Ramón Roig, Juliá Roses, Manuel Rovira, Jorge Rubió,  Eduardo Sagrera, Joaquín Sagrera, Francisco Aldaz, Maluenda, Manuel Saforcada, José M. de Sagarra, doctor R. San Ricard, Juan Santina, Luis Saye, Jaime Secis, J. Serra, José Sena, Serra Hunter, Serra Ráfols, Antonio Serrat, Francisco Senis, J. Simón, José Solá, Fernando Soldevila, Carlos Soldevila, Felipe Soler, Enrique Soler y Batlle, J. B. Solervicens, Braulio Solsona, Mateo de Soto, José Subirá, Santiago Subirana, José M. Tallada, Pedro Tarragó, J. Tarré, Rafael Tasie, doctor Tayá, Jaime Torelló, A. de la Torre, doctor Torres, Víctor de Torruella, José M. Trías de Bes, Ferrer Eguizabal, Antonio Trías, Juan de Dios Trías, Trías de Bes, A. Enric Pujol, J. Trías Pujol, doctor Trueta, Hermenegildo Turó, F. Tusquets, Luis Ulloa, T. Uriach, Juan Vallés y Pujals, F. Valls y Taberner, Valls Taberner, F. Vallverdú, Ventosa y Calvell, Vidal y Guardiola, J. Vidal Tarragó, Vilaregut, Martí Vilanová, Amadeo Vives, José Xirau, J. M. More, Joaquín Cabot, Miilet, Julio Carrera, Antonio Carreras, Julio Carreras, Luis Carreras, Carreras Artau, Carreras Antau, José Casabó, Enrique Casanovas, P. Casagrán, Ramón Casas, Cases Carbó, Juan Chabas, Pablo Cirera, doctor J. Cirera, José Clará, Vicente Clavell, Luis G. Clot, doctor Coll y Turban, doctor Corachán, Pompeyo Crehuet, Carlos Crehuet, José M. Crivent, Melchor Colat, Juan Colom Juan Comes, Luis Companys, R. Condes, Víctor Conill, José Cardona, Cayetano Cornet, Pedro Corominas, Ramón Dalmases, Delfín Dalmau, Juliá Pevant, Señora Doménech de Cañelles, José Domingo, Pedro Domingo, L. Dorea, Daríos Durá, L. Duran y Ventosa, Felio Elias, José Escofet, Luis Espiell, F. Estapé, Santiago Estapé, Estelrich, Mariano Auras, Pompeyo Fabra, Miguel Ferra, F. Ferrando, Fernández Pellicer, Ángel Ferrer Cajigal, doctor Ferrer Prat, R. Ferreter Gili, Jaime Fonolleda, Tomás Fornells, Cayetano Freixas, J. F. Galiano, Alejandro Gallart, doctor Llorens García Tornel, José Garí, Cirilo Gasoliba, Gay de Montellá, Mario Gifreda, Luis Gil, Gustavo Gili, señorita Gili, Jiménez Bachich,Gobernador de Gerona, Grau, M. Grans y Tornes, Grant y Sala, Antonio Griera, Antonio Gualba, barón de Güell, Francisco Hernández, Amadeo Hurtado, Víctor Hurtado, Pedro Inglada, L. Isern, E. Jardí, A. Jardí, Jimeno Riero, Francisco Juliá, doctor Krechs Lana Serrate, Juan de Lasarte, José Llamesu, Luis Llimona, Juan Llongueras, J. Lluhi, Rafael López de Haro, A. López Llausás, Francisco Madrid, José Majo ,T. Maragall, Ricardo Margarit, Martín Marín, Juan Marín, José Martínez Villar, Alfonso Maseras, Maspons Anglasell, doctor Masriera, Luis Masriera, Gonzalo Massó, J. Massó Soler, J. Massó Torrents, Luis Massot, Augusto Matons, Joaquín Mauri, Millás Raurell, Antonio Mira, F. Mirabent, Julio Monroset, Joaquín Montaner, María Luz Morales, A. Marchs Monteys, M. de Montoliu, Miilet, José Nolla, Abadal, Luis Guarro, Lamote de Grignon y Tomás Garcés.

Las adhesiones

      A los postres el señor López Llausas, por la comisión organizadora, dio lectura a las adhesiones recibidas, entre las que figuraban las siguientes:
     De don Santiago Alba, Federació Catalana d’Estudiants Católics, María Antonia Salva, J. Puig Pujades, Suriñach Senties, Ernesto Martínez Ferrando, J. M. Boronat Requesens, Marcelino Domingo, Maluquer y Vilador, José M. Capdevila, Juan Santamaría, Tomás Roig y Llop, Joaquín Xirau, Alfredo Gallard, José Ayats, Carlos Rahola, Ateneu de Girona, Alberto de Quintana de León, Gabriel Alomar, Galo Sánchez, J. M. Bellido, Salvador Albert, José Carner. Guillermo Colom, Jaime Termens, Octavio Saltor, Germanor Orfeons de Catalunya, J. M. López Picó, Luis Capdevila, Enrique, Lluelles, José Pla (Societat de les Nacions). R. Perpinyá Grau, F. Cambó, J. Taumandreu, Joaquín Pía, Ramón M. Tenreiro y Santiago Rusiñol. En ésta, el venerable literato catalán ofrecía su refugio de «Can Ferrat» a los intelectuales que fueron ayer de excursión a Sitges.

Discursos. El del doctor Serra Hunter

     Después de la lectura de las anteriores adhesiones, algunas de las cuales fueron recibidas con verdaderas ovaciones por parte de los concurrentes al acto, usó de la palabra el catedrático doctor Serra Hunter para ofrecer el banquete a los intelectuales castellanos, en nombre de los catalanes.
     Lamentó que sus compañeros le hubieran confiado la difícil misión de tener que pronunciar las palabras del ofrecimiento en aquella fiesta del espíritu, y no la hubiera
aceptado si aquélla hubiera representado cualquier sector político. No hará más que exponer eu visión personal del problema, procurando reflejar la de sus compañeros y teme no hacerlo en la forma que merecen los sabios cultivadores de la lengua castellana que le escuchan.
      El problema de Cataluña es el de un pueblo que trabaja para superarse a sí mismo.
      Agradece el manifiesto que dirigieron al gobierno de la Dictadura los intelectuales castellanos pidiendo respeto y expansión para la lengua catalana, acto que ha sido el punto de partida del que se estaba celebrando y se condolió de la ausencia de dos de sus firmantes, don Adolfo Bonilla Sanmartín y don Eduardo Gómez de Baquero, desgraciadamente fallecidos. La fiesta es de cordialidad para aquellos que han sabido aceptar los postulados básicos de los ideales catalanes y en favor de los cuales tanto hicieron dos figuras eminentes: don Francisco Giner de los Ríos y don Marcelino Menéndez y Pelayo, que concibieron la manera de conciliar el problema en forma amable para todos. A este impulso humano y redentor respondió el manifiesto memorable que entraña la muestra de la más viva cordialidad, por lo que da lectura a uno de los párrafos de aquel histórico documento.
     —Todos sabéis—dijo-—cómo quiso corresponder Cataluña a ese movimiento leal castellano y como aquel sentimiento de gratitud ha sido cada vez más vivo, porque no habéis negado vuestra efusión a nada de lo que de esta tierra viniera, como la exposición del Libro Catalán en Madrid.
      No hablaré del conflicto en que quedó a salvo la dignidad de una clase, la universitaria, contra la situación que entendía que un anhelo espiritual puede resolverse como una simple ecuación de orden público. Se produjo entonces una corriente de simpatía y armonía para que reingresaran en las Universidades aquellos que por un sentimiento de dignidad habían tenido que abandonar sus cargos. Ese movimiento lo ha hecho la misma juventud que en la prensa castellana ha dedicado páginas enteras en favor de Cataluña, porque hay intereses en que no cabe más que una actitud, porque todos los espíritus selectos coinciden en ella. La guardia de honor de estos intereses la han constituido los intelectuales, con los que entablaría diálogo, seguro de que no existirán los resquemores de que tanto se ha hablado.
      Después de razonar el principio de existencia de las lenguas, dijo que a pesar de la protesta de los castellanos, ha habido una etapa en que la comprensión ha sido totalmente desconocida, en que ha habido un absoluto divorcio con las cuestiones culturales, como el caso del anterior Ayuntamiento de Barcelona, que ha destruido vandálicamente cuantas instituciones recibió de sus anteriores.
       Después de interesantes consideraciones sobre el problema, dijo que alguien podrá suponer quizá que el acto que se estaba celebrando no ha sido más que una brillante decoración de amistad entre los pueblos y que no se ha manifestado más que entre los intelectuales; pero el orador lee en los rostros de los que escuchan la evidencia de que se está realizando un acontecimiento de gran altura, porque señala una dulce amistad actual y una sincera confraternidad en el futuro.
      Terminó diciendo: «Intelectuales de lengua castellana: Levanto mi copa por la inteligencia castellana, por vuestra cultura y porque todos sentimos el anhelo de asociarnos, en este momento de nueva idealidad europea, en una unión mejor».

El señor Giménez Caballero

       Después habló en nombre de la Juventud literaria madrileña el señor Giménez Caballero, quien dijo que al solo hecho de haber sido el primer joven madrileño que trabajó en la organización del acto que se estaba celebrando, podía atribuir el honor de concedérsele el uso de la palabra. En su primer viaje adivinó ya las angustias exquisitas de las generaciones pasadas y presentes de esta tierra y aquí fue cordialmente acogido por muchos, entre los que recuerda los nombres de Estelrich, Garcés, «Gaziel», Gili, Nicolau y Ferrá, cuando llegó de Madrid sin otro bagaje que una carta de presentación, vanagloriándose hoy de que estrecha más manos amigas en Barcelona.
       Dijo que llegó a imaginar la idea de publicar una revista en catalán en Madrid y llevar a la corte a los catalanes más exclusivistas y traer a Barcelona, a los madrileños más reacios; el primer artículo que en catalán le presentó Pi y Suñer y la exposición de Libros Catalán, con la que los catalanes y sus 6.000 volúmenes deshicieron la mirada inquisitorial de algunos, hasta llegar al actual momento, en que se venden muchos libros catalanes en Madrid.
      Barcelona ha dado una lección de alta cultura recibiendo a los intelectuales castellanos en la forma que lo ha hecho y haciéndoles admirar lo que Madrid no tiene: esa flor de la disciplina que es el Orfeó Catalá.
      —Voy a terminar—dijo—con unas palabras que, aunque parezcan una incitación, no son más que una muestra de la cordialidad que os tengo y que pronunciaré en vuestra honrosa lengua: Catalans, com el poblé que son fort, unid i unánim, vingueu a Espanya per fer d’ella un poblé fort, unid i unánim com Catalunya».

El del doctor Saínz Rodríguez

     Después habló el doctor Saínz Rodríguez, quien dijo:
     —Sólo al hecho, a la circunstancia de haber sido el redactor del manifiesto de la lengua catalana y su primer firmante (los comensales, puestos en pie, acogen estas palabras con un aplauso entusiástico), debo el honor de tener que hablar ante los insignes maestros de la intelectualidad española. Pero si bien fui yo el redactor, la iniciativa partió de dos hombres, uno de ellos presente en este acto y el otro fatalmente ausente.
      El primero es don Ángel Ossorio y Gallardo (de nuevo los comensales aplauden, en pie, al aludido, que corresponde con ademanes afectuosos), el segundo fue compañero de todos y maestro de muchos: Don Eduardo Gómez de Baquero (se reproducen los aplausos).
     El manifiesto que en forma tan pródiga acabáis de pagar, fue redactado en época en que no podíamos expresar claramente nuestro pensamiento y por ello no recoge todo nuestro criterio sotare el problema catalán.
      Por esto os de decir que cuando hablamos de Cataluña no es solamente por el respeto que nos merece la lengua catalana, sino con la firme decisión de resolver vuestro problema catalán. Este no es más que un problema de desconocimiento de Cataluña y del resto de España y nosotros hemos de hacer mucho por la difusión de vuestra cultura.
      El hecho de la lengua catalana no puede asustar a nadie. El labriego castellano al
saber el hecho biológico y histórico que la produce, comprenderé vuestra razón, a lo que mucho ha de contribuir sin duda el propósito que ha sido ya logrado: la traducción de cuatro de vuestros más interesantes autores a nuestro idioma.
      ¡Qué gran lección de sensibilidad ciudadana nos ha dado hoy Cataluña! No ha sido para recordar alguno de los múltiples agravios que lleva recibidos, sino para acogernos con su mejor espíritu fraternal. Es inútil que nos engañemos. Estamos asistiendo al proceso de descomposición del Estado español, que se inicia en la Asamblea de Parlamentarios y del cual es tan sólo un episodio la extinta dictadura y en estos momentos Cataluña puede servirnos de guía y de modelo en la reconstitución de nuestro país.
      No confundáis nunca el Estado español con la nación española (ovación). Nosotros hemos oído vivas a España que no queremos, porque sabemos impuestos por razones de gentil cortesía. No los queremos hasta tenerlos conquistados con nuestra comprensión y nuestro probado afecto, y para ello propongo a mis compañeros de viaje nos dirijamos al gobierno pidiéndole la derogación de cuantas disposiciones afentan contra la lengua y la fina sensibilidad catalanas.
      Terminó diciendo: «Las bases de la España grande han de partir de dos negaciones: No queramos asimilar a Cataluña, queramos estudiarla, a lo que Cataluña contestará con un «No separatismo».

El del doctor Marañón

     El doctor Marañón pronunció a continuación el siguiente discurso:
     Hay un instinto de conservación tan antiguo como la vida misma que defiende ia personalidad del hombre de la lucha cósmica.
      Y solamente en una etapa superior de la evolución humana este mismo adopta la
modalidad histórica, gracias a la cual todo ser humano se siente engranado de manera desinteresada y pura en el mecanismo universal y eterno de ia Historia. Si meditamos sobre la España actual, surge en nosotros el convencimiento de que nuestro retraso político es aebido a la ausencia de esta modalidad histórica.
      Todos los pecados de España vienen de esta sordera tenaz que empequeñeció e hizo definitivamente estéril la actividad de casi todos nuestros hombres de Estado, dotados algunos de ellos de grandes condiciones para la gobernación.
      He creído siempre que esto que se llama problema de Cataluña es una de las manifestaciones típicas de esta incapacidad de comprensión histórica. Nosotros sí, ya lo sabéis, comprendemos y sentimos sin razonarlo, por simple reacción de nuestra sensibilidad, vuestro problema, que es, de rechazo, el de nosotros mismos. He aquí porque hemos sentido esta mañana y después escuchando a vuestro Orfeó y ahora mismo, en esta hora de fraternidad, una emoción llena de trascendencias y de responsabilidades incalculables.
     Vosotros, que habéis sido acusados de moveros por impulsos limitados y restrictivos, habéis demostrado que vuestro fervor catalán está lleno de españolismo histórico y de patriotismo repleto de universalidad y que vuestro idioma glorioso no es más que la médula insustituible e indestructible de vuestra unión con España y con el mundo.
      Hemos de alzar nuestra voz para decir; con nuestro esfuerzo, unidos en la misma fe civil, queremos una España única y diversa, federada y moderna. Yo os saludo en nombre de nuestro Ateneo, que representa en Madrid algo de lo que vosotros representáis en España y que ahora como vosotros disfruta de la libertad recobrada y del propósito de no dejársela arrebatar jamás. Y os saludo además en nombre de esta adhesión mía, íntima e inquebrantable a todo eso que es vuestro, nacida en aquellos días inolvidables y lejanos en que recogí con algunos de vosotros, en una casa humilde de la montaña catalana, el último aliento del gran espíritu que se llamó Prat de la Riba.

El de don Fernando de los Ríos

      Después don Fernando de los Ríos pronunció entre otros los siguientes párrafos:  
      Esta fiesta cordial a la que acudimos todos con emoción profunda y compleja tiene un alto valor por el momento en que se celebra: aquel en que termina una etapa política que todos queremos que sea la divisoria entre las vertientes de la historia de España.
      Se celebra, además, cuando hay también la apetencia de que llegue a poblarse la
conciencia popular de los ideales que viven agazapados en los últimos rincones del alma nacional.
      Desde el 88 hay una continuidad perfecta en las apetencias del alma catalana que ningún español debe ignorar. En su comienzo fueron despertadas estas apetencias por un grupo aúlico de poetas, pero pronto las aceptastéis para el sentido de Cataluña. En la segunda etapa, que se inicia en 1907, con la inauguración del Institut d’Estudis Catalans por Prat de la Riba, no hay acto político que no tuviese una finalidad cultural ni acto cultural que no tuviera un objetivo político, y por esto, quiérase o no ha de tener la idea catalana una gran dimensión de politicidad.
      Desde hace milenios toda fiesta de comensalidad lo ha sido también del espíritu, y por esto nosotros en ésta proclamamos que queremos el respeto que se debe a lo peculiar y a lo distinto; aunque sabemos que para el que debemos recorrer el camino político actual es angosto.
      Estamos sometidos a la idea de homogeneidad, nosotros que somos el pueblo de más variación. Hemos puesto a España una vestidura jurídica y estrecha y realizado una centralización. Y con esta centralización hemos eliminado de los Ayuntamientos y Diputaciones la idea de la propia responsabilidad y a esta razón también obedecen esos problemas que a vosotros os causan tanto dolor: a la armadura de nuestro Estado, que es bizantino y césaropapista.
      Cuando visten de luto las lenguas y los Fueros es que hay algo más hondo que está siendo víctima de mancilla: la libertad civil y para luchar contra esto hemos de pedir la ayuda de la juventud para que cuando se planteen problemas de carácter general y de grandes dimensiones nos aporte su colaboración.
      Para terminar deseo que pronto volvamos a reunimos para festejar la epifanía civil de España que nos permita celebrar con mayores libertades estos actos.

El del señor Ossorio y Gallardo

      Después el señor Ossorio y Gallardo dijo:
      Antes de que un espíritu acucioso o burlón lo señale, quiero apresurarme a hacer la confesión de que me hallo muy satisfecho entre vosotros; pero descentrado. No soy profesor, ni investigador, ni literato, ni erudito y después de haber oído cosas que yo tan solo podría repetir torpemente, sé que mi misión en esta cena es la de recoger las vibraciones del sentimiento popular ante las verdades inalterables.
      El movimiento todo de este día no es tan sólo cerebral. Hay algo en nosotros de alegría y expansión, y es que estamos festejando, digámoslo claro, el triunfo de la inteligencia sobre la fuerza, que nos advierte que en la lucha de la vida, por encima de los dogmas locales y de la política, hay otras categorías: la Fe, la Cultura, el Derecho, la Libertad, que son las que han triunfado siempre.
      ¿Qué queda de las feroces crueldades  Nerón?; pero sí del espíritu de Séneca. ¿ de la Inquisición?; pero si de las  de Galileo. Se ha extinguido la hoguera  calcinó a Servet; pero sus teorías han subsistido.
      El enorme poder de Napoleón y  ansias de unificación europea han desaparecido,
pero existen aún su Código Civil y la Comedia Francesa. Tal es la enseñanza que no debemos olvidar nunca, porque se dan en las calles algunos vivas que en el concepto
de quienes los dan no quieren decir más que: ¡Vivan las cadenas!
      Entiendo que los castellanos que asistimos a esta fiesta tenemos una misión, y es la de recoger la adhesión y el clamor de las calles barcelonesas, que nos dicen que hay compatriotas nuestros que gimen en las cárceles o sufren en el destierro por el enorme delito de haber defendido lealmente su criterio, y recogiéndolo yo invito a mis compañeros de viaje a dirigirnos al Gobierno para pedirle una amnistía no regateada, sino tan amplia como lo exige la justicia.
      En momentos de pena para vosotros los castellanos estuvimos a vuestro lado y tengo la firme seguridad de que vosotros en caso contrario hubierais hecho lo mismo, y para el caso de que el fenómeno se repitiera, y no es inverosímil, hay que tener fe en el corazón.
       Si se repitiera, catalanes, como los sardanistas de Maragall, os diríamos: «ja hi tornarem» y entonces el espíritu abierto y franqueado, los ojos en los ojos, podremos decir que «som un poblé que avança donantse les mans».

El señor Ortega Gasset

      Don José Ortega y Gasset, dijo, entre otras cosas, las siguientes:
      Suele decirse que el gremio de los intelectuales cultiva la discordia. Mala hora para este tópico cuando España vea mañana en qué abrazo tan espontáneo se han unido hoy en Barcelona intelectuales catalanes y castellanos.
     Fuera de ver lo que sería la Historia si el intelectual no hubiera lanzado en ella el
encantamiento de la idea, del vocablo. La obra intelectual es de unidad, es de palabra. De la palabra que nace trémula en los labios, para encontrar el laberinto del oído y ojalá si allá, en el seno del corazón a que llega, sabe encontrar un alma gemela.
      Se confunde el deber de soledad que, para crear, se impone el intelectual y la labor de unión que surge de aquel aislamiento.
     ¿En qué puede consistir el acuerdo que entre nosotros ha florecido? En que hay una coincidencia que no excluye la discrepancia, porque se da el lujo de incluirla, como abarca un paisaje las mayores variedades, como en el horizonte aparecen unidos cielo y mar y como el torso de la tierra aguanta esa anécdota gigantesca de las montañas.
      Conviene que se sepa que hay un grupo de españoles que entiende que nuestra vida pública ha de sufrir una variación, si bien no quiere disputar sobré los medios de esa reforma.
      Es milagroso que el país subsista todavía porque el poder público ha hecho lo posible para eliminar cuanto era enérgico y fomentar lo fantástico. En estos últimos cincuenta años se ha llevado a la práctica el famoso arte de prescindir: primero, del impulso catalán a base de que era áspero, ¡como si hubiera alguno que no lo fuera! Y no puede decirse que de ello hayan tenido la culpa los intelectuales precisamente.
      Si saltando la máxima extensión que separa a Castilla de Cataluña y aprovechando todas las fuerzas que en España existen, se arreglara este problema habría de reconocer, aun aquel que fuera más contrario a nuestro gremio, que no había sido tan vana sobre el planeta la existencia de las letras catalanas y de las españolas.

El señor Menéndez Pidal

      Después el señor Menéndez y Pidal dijo que el mismo día conmemoraba la docta  corporación que él preside un acto de catalanidad: el ingreso del insigne profesor Rubió  y Lluch. Sintiéndolo mucho ha dejado de asistir a ese acto, advirtiendo la enorme trascendencia del que aquí se celebra.
      Vosotros—dice—os mostráis agradecidos por un simple acto de cordialidad, porque es raro que pensemos al unísono.
      Recuerda la influencia que para su concepto de Cataluña tuvo su maestro Milá y Fontanals, que estudió, no solamente la aristocracia literaria, sino también el fondo popular de nuestra literatura.
      Cree básicas para la comprensión futura las ideas de inteligencia y libertad, en la
que conviva la substantividad de cada uno. Sin violencias ni opresiones. Vivimos ideológicamente en común con las preocupaciones de la postguerra y tenemos las dos aspiraciones de la hora presente: inteligencia y libertad.
      El problema capital consiste en saber aprovechar cada una de las energías nacionales en el común ideal.

El doctor Pí y Suñer

     Cerró los discursos el doctor Pi Suñer, para agradecer a los intelectuales castellanos haber asistido al homenaje dado en su honor por los catalanes.
      Dijo:
      Nos reunimos esta noche en un acto cordial para testimoniar la gratitud de Cataluña, al espíritu castellano que en tiempos difíciles salió en defensa de la lengua catalana, respetando él hecho histórico y el Derecho.
      Nos encontramos reunidos aquí los hombres de más dispares tendencias, pero coincidiendo en lo que es condición primaria de la vida humana: la libertad y la dignidad.
      La libertad es necesaria como el aire al cuerpo; nunca se siente hambre de aire, pero si falta pronto se notan los síntomas de la fatal asfixia. Cuando se goza de libertad no se nota el bien; es cuando se pierde que se echa en falta.
      La renovada tendencia liberal es el normal resultado de la vida pasada en que hemos sabido de todos los oprobios a nuestra lengua y si España ha de conseguir prestigio no será por la fuerza, que no tiene, sino por su sinceridad y seriedad políticas.
       Vosotros visteis cómo era arbitraria la opresión a nuestra lengua, porque tenéis clara visión y el corazón generoso y no pensasteis jamás que, para mayor honor de la
lengua castellana, hubiera de ser impuesta a los otros por medios coloniales. Somos cinco millones de hombres que hablamos nuestra lengua, que la amamos por la misma ley biológica por la que amamos a nuestra madre y el campanario de nuestro pueblo y que la queremos por su fuerza histórica.
      Hoy vibramos de entusiasmo por la común generosidad, por el respeto al ideal y a la dignidad humana y colectiva, como lo prueba la mutua comprensión y la repulsa de todos los presentes a la arbitrariedad e injusticia.
      Pero hoy que se inicia el retorno a la Justicia y a la Libertad falta todavía una reparación a Cataluña. La fina sensibilidad de Ossorio y Gallardo lo ha recogido ya. Hace poco dióse una amnistía; ¡bendita sea la amnistía, la generosidad!, pero hay todavía compatriotas nuestros en las cárceles y en el destierro porque aquella amnistía no abarca a todos. No será tal si vosotros no hacéis que tampoco sea una excepción Cataluña en ella.
     Oíd a nuestras mujeres en plebiscito unánime; oíd el clamor que surge de todos los lugares de esta tierra que no podrá considerar normal una situación que no trata por igual a todos y cuando recibamos la reparación, mano con mano, iremos a la realización del ideal de todos.
      Tenemos fe en la fuerza que forma el individuo y la sociedad; que forja y deshace
naciones. El espíritu es creador e imperecedero. Tenemos amplia visión de la vida y de las colectividades que aprenden de la vida misma y esto es lo que nos reúne alrededor de esta mesa, como en la cena apostólica.
      Nuestro lema es libertad y ley, que no pueda conculcar aquello que es indispensable para la existencia civil.
      Un conmovido recuerdo para vuestros muertos y los nuestros: Adolfo Bonilla Sanmartín, Eduardo Gómez de Baquero y Enrique de Mesa y para los pobres muertos anónimos.
      Y ahora el gesto ritual de levantar mi copa por la grandeza y honor de Castilla, Galicia, Vasconia, Andalucía y Cataluña. Por la nueva España en una sociedad justa y digna.
     Seguidamente se dio por terminado el acto, durante el cual los oradores habían sido premiados en varios de sus elocuentes párrafos y especialmente al terminar sus respectivas oraciones con aplausos calurosos y continuados.
      Los altavoces que habían sido instalados no pudieron funcionar; pero no fueron precisos debido al religioso silencio y ferviente atención con que todos los comensales escucharon los parlamentos de todos los insignes oradores.
      A la hora de los discursos llegaron a la cena distinguidas damas de la alta sociedad barcelonesa que los escucharon ocupando palcos del salón donde se celebraba la fiesta.

Pidiendo la amnistía

      Al terminar la fiesta los intelectuales castellanos dirigieron al Gobierno el siguiente telegrama, que firmaron todos ellos:
     «Presidente Consejo ministros. Elementos culturales castellanos todas tendencias, después celebrar inolvidable acto confraternidad con catalanes, rogamos vivo empeño estimándolo justicia, amplíese amnistía presos desterrados por actos servicios ideales revisión proceso Garraf, derogación disposiciones dictadura deprimen agravian Cataluña».

La Vanguardia, 25 marzo 1930, págs. 8,9 y10

Transcripción del artículo reproducido en el Romancero de la Cuesta del Zarzal:
4. APORTACIONES AL ARCHIVO DE COLECCIONES AJENAS. EL ROMANCERO CATALÁN, 1930-1933.

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MIGUEL CATALÁN SAÑUDO

MIGUEL CATALÁN SAÑUDO

       Era el 17 de julio de 1936 y Miguel Catalán conducía un Autoplano por la vertiente segoviana de la Sierra, camino del Alto del León. Llevaba hacia Madrid a. su suegro, que,  con objeto de prestar ayuda bibliográfica a su hijo Gonzalo,  iba a pasar el fin de semana en su casa de Chamartín; y también a la mujer y a una hija de Cándido Bolívar, entomólogo a la vez que colaborador político de! Presidente de ia República, que tenían cita con su dentista.

       Durante aquel curso académico 1935-36, Catalán había estado completando el estudio del espectro del hierro (Fe-I). al cual venía dedicando varios años de trabajo en colaboración con algunos de sus discípulos (especialmente con Julio Vicente). Tenía identificadas 2.350 líneas, como combinaciones entre 304 niveles de energía, había descubierto 51 términos espectrales y determi­nado su potencial de ionización. Una imprenta toledana de tipos móviles imprimía su trabajo. Al mismo tiempo, estaba en comu­nicación con varios observatorios norteamericanos que se intere­saban por los resultados de su estudio, pues, como es bien sabido, la casi totalidad de los conocimientos de la Astrofísica sobre los astros se debe al estudio del espectro de la luz que emiten, y una mitad de las 5.000 líneas espectrales de la luz del Sol correspon­den al espectro del hierro. Henry N. Russell, el famoso astrofísico de Princeton, y sus colaboradoras Charlotte E. Moore (futura Sitterly) y Dorothy W. Weeks habían ya recibido una lista de los niveles pares «bajos» y esperaban el resto de los datos, que Cata­lán les había prometido enviar «cuando terminase de copiarlos», para incluirlos en la «Tabla de Multipletes de Interés Astrofísico» que preparaban. La lista de Catalán, según recordarán años des­pués los destinatarios, «por vez primera permitía reconocer en un mismo espectro cuatro multiplicidades distintas» (esto es, singletes, tripletes, quíntetes y septetes)...

ANTES Y DESPUÉS DE LA GUERRA CIVIL

       Era el 17 de julio de 1936 y Miguel Catalán, al llegar al «Segundo puente»,  oyó en la radio que en «África» había habido una «militarada»,  y decidieron dar la vuelta y bajar a San Rafael a comentar la noticia. Sin embargo, poco después acordaron seguir su jornada. Miguel dejó a su suegro en Madrid; dejó y recogió, más tarde, a la mujer y a la hija de Cándido Bolívar y, de paso, se enteró de que la situación estaba «bajo control»..., hasta se llevó a una pareja amiga a pasar el fin de semana a la Sierra. Recruzó el Alto del León sin sospechar que estaba traspasando una frontera política en el espacio y en el tiempo.

       Poco después, Castilla la Vieja se inclinaba del lado «nacio­nal» y Castilla la Nueva permanecía leal a la República; San Rafael era tierra de nadie. Una motocicleta con guardias civiles «tomaba» la centralita telefónica de San Rafael y, dejando los primeros muertos en el suelo, se volvía para Segovia.  Miguel buscó al sepulturero en El Espinar, y en la casa de su suegro, en Las Fuentecillas de San Rafael, fue concentrando mujeres e hijos de conocidos que se habían quedado en Madrid. Subió una columna con guardias civiles y falangistas dispuestos a entrar en Madrid; pero las milicias populares los contuvieron en Tablada. Casualmente, el teléfono de Las Fuentecillas, al que desde Gudillos habían venido a llamar los familiares de Giral, temerosos de hacerlo desde su casa, quedó permanentemente conectado de un lado a otro de «las dos Españas» ¡con el Ministerio de la Guerra! Cándido interrogaba desde un lado de la línea preguntando en alemán si había tropas, y del otro Jimena, la mujer de Catalán, repetía cautamente: «Estamos en la provincia de Segovia»... Después de un día de bombardeos por las avionetas de Cuatro Vien­tos, la familia Catalán y los «refugiados» adjuntos huimos a El Espinar a la mañana siguiente. Allá entraría la «columna Man­gada» comunista, filtrada a través de la Sierra, y se retiraría, al faltarle la munición, ante los guardias civiles que retomaban el pueblo. Bajo una cama, atestada de niños, se escondía un falan­gista con un pistolón, sin que Miguel supiera nada, mientras los milicianos protestaban: «Desde esta casa han disparado»; luego, un guardia civil despechugado intentaba imponer a Miguel que le ayudase a buscar a «los rojos» del pueblo... Era el día de San­tiago y la familia Catalán logró huir, en los minutos siguientes, a Segovia. En El Espinar habían gastado sus últimas pesetas en comprar provisiones, que hubo que abandonar.

      En Segovia, Catalán, su familia y varios de los otros «refugia­dos» que le acompañaban vivieron durante varias semanas en una casa de la calle de San Frutos, donde les daban de comer gratis los propietarios de una taberna, una viuda («la señora María») y sus hijas, a pesar de que el marido de una de ellas sufría frecuentes palizas y tomas de aceite de ricino en la Comandancia por no colaborar denunciando a los parroquianos sospechosos y demás rojos ocultos. Entonces vivieron días de angustiosa incertidumbre, como cuando la mujer y los hijos de Bolívar estuvieron a punto de ser fusilados por un comandante de falangistas y fueron salvados por la intervención de un artillero, o como el día en que Miguel fue llamado a la Comandancia militar acusado de hacer espionaje (desde un «Centro de Información de Heridos» que había organizado) y salió libre, gracias a que un policía rompió ocultamente la denuncia, porque su hijo había identificado en la calle a Catalán como su profesor favorito (por entonces Catalán había sido incorporado al Instituto de Segovia como profesor de Ciencias en el Bachillerato).

      En el año 37, los espectroscopistas norteamericanos de Princeton y de Boston intentaron llevarse a Catalán a USA, para que continuara trabajando con ellos en el espectro del Hierro; pero el Gobierno de Burgos negó el visado a su mujer e hijo por su parentesco con Ramón Menéndez Pidal, a quien el ABC revolu­cionario de Madrid había fotografiado sonriente con Líster.

      Entre tanto, Russell y sus colaboradoras aguardaban, en vano, nuevas noticias de Catalán. Cuando en 1944 se decidieron a publicar su estudio sobre «The Are Spectrum of Iron (Fe-I)», incorporaron a él el nombre de Miguel A. Catalán, explicando lo que le debían y aclarando seguidamente:

     «Poco después estalló la gran guerra española. Nuestras comunicaciones se interrumpieron y no sabíamos si Catalán podía disponer de su labora­torio y sus papeles y, ni siquiera, si ese laboratorio y esos papeles existían aún. De todas maneras, para ayudarle a continuar su trabajo, preparamos en Princeton una lista de líneas de Fe I que contenía todos los datos que nos eran asequibles, incluyendo datos de Zeeman de Babcock, y se la enviamos a Madrid. Más de cuatro años después, el Dr. Catalán nos con­testó remitiendo una lista de términos espectrales y constantes «g» del desdoblamiento magnético Zeeman, que incluía gran cantidad de resulta­dos nuevos. Aún hoy las comunicaciones son difíciles y Catalán no ha podido enviarnos todavía su extensa lista de líneas clasificadas... El Dr. Catalán debería aparecer también como autor del presente trabajo, si no fuese por las dificultades de comunicación que nos han impedido el con­tinuo intercambio y discusión de los resultados... El presente trabajo es, pues, un ejemplo más de la cordial cooperación internacional entre los espectroscopistas, que es en gran parte responsable del rápido avance del análisis de los espectros complejos.»

      Aparte de las «dificultades de comunicación» de la España de la postguerra con el mundo exterior, Catalán no había «aún» podido enviarles sus listas de líneas clasificadas porque a partir de 1936 su carrera como investigador había quedado truncada de forma mucho más radical que lo temido por los espectroscopistas norteamericanos.

      La Segovia de la Guerra Civil, tan magistralmente retratada en la película de Carlos Saura «Mi prima Angélica», representó para Catalán y su familia algo más que un paréntesis en la acti­vidad profesional. Por lo pronto, la imagen goyesca del «Aquí yace media España; murió de la otra media» señaló, durante años, una frontera entre el ayer y el hoy, representó una toma de conciencia de que lo vivido hasta entonces había sido una expe­riencia en cierto modo irreal: ¿dónde quedaba el sueño de una España civilizada?, ¿dónde colocar la espectroscopia en la realidad presente?

      Finalizada la Guerra Civil con la victoria de los «nacionales», Catalán fue, como muchos otros españoles, víctima de la «depu­ración» del país. Enríquez de Salamanca, al frente del proceso de limpia de la Universidad, le acusó de que la República había inventado para él una cátedra sobre una materia («Estructura Atómico-Molecular y Espectrografía») irrelevante, tan sólo por ser yerno de Menéndez Pidal, y, entre otros cargos, intentó vincularle a la masonería. Una vez «expedientado», quedó excluido de la Universidad y, a continuación, se le negó la entrada en el Insti­tuto «Rockefeller», donde tenía sus laboratorios de investigación. También se le prohibió publicar en las revistas científicas del país. Por otra parte, la imprenta en que se imprimía en Toledo su tra­bajo voló en los días del sitio del Alcázar; el discípulo que en Madrid estaba completando la lista de líneas clasificadas se la llevó al frente y allá pereció con él; los papeles que Miguel no se apresuró a recoger de su mesa de trabajo se le hicieron inasequi­bles y hasta algún discípulo desleal se apropió de parte de ellos... El «expediente» continuó abierto, sin resolverse, hasta 1946. Cuando un Director General menos obscurantista, Cayetano Alcázar, intentó que el Ministro de Educación Nacional, Ibáñez Martín, mitigara el ostracismo de Catalán, el Ministro sólo conce­dió: «Que publique con pseudónimo». Ante esa situación, Cata­lán, sin esperanza de proseguir sus investigaciones, remitió a Russell y sus colaboradoras cuantos datos habían quedado a su alcance y dio por cerrada la etapa anterior de su vida.

      En los años que preceden al alzamiento militar, Catalán había ido consiguiendo de los representantes de la política cultural y educativa de España los medios y apoyos necesarios para crear una escuela de espectroscopia situada en la vanguardia de la Ciencia mundial, capaz de contribuir poderosamente al vertiginoso progreso del estudio de la estructura de la materia. El reconoci­miento, por parte de los poderes públicos, de la importancia de una rama de las Ciencias puras, que en otros países más desarro­llados estaba transformando radicalmente el contenido y fines de la Física, era algo realmente nuevo e inusitado en España, donde el progreso científico suele confundirse con la aplicación prác­tica, tecnológica, del saber científico; pero no fue un hecho ais­lado, sino parte de un gran esfuerzo, apoyado en la política cultu­ral y educativa de la «Junta para Ampliación de Estudios», que abarcó a las más diversas ramas de la cultura y que llegó a pro­ducir el hecho insólito de convertir a España, por un breve período de su historia, en un país incorporado a la vanguardia cultural y científica del mundo de la preguerra.

      Últimamente, en 1934, Catalán había ganado la Cátedra de «Estructura Atómico-Molecular y Espectrografía» de la Universi­dad de Madrid. Se trataba de una cátedra basada en una «asig­natura» electiva del doctorado de Química, creada obviamente (aunque la obtuviera por oposición) para que Catalán pudiera atraer a jóvenes químicos hacia el estudio de la conexión entre los espectros y la estructura electrónica de los átomos que los producen (por entonces, en la Universidad española, la Física sólo se interesaba por la Mecánica, la Electricidad, la Óptica Geomé­trica y la Termodinámica, no por la estructura de los átomos). Con sus clases teóricas, sus prácticas de laboratorio y sus semina­rios, constituía una novedad educativa en la Universidad española, tan necesitada de renovación.

      La posibilidad de renovar la Universidad a través del contacto de la docencia, en sus niveles superiores, con el trabajo experi­mental de investigación se apoyaba en la existencia, fuera del recinto universitario, de unos laboratorios, que Catalán venía dirigiendo desde 1930, en la Sección de Espectroscopia Atómica del Instituto de Investigaciones Físicas y Químicas, situado en «Los Altos del Hipódromo» (entonces en los límites exteriores de Madrid). Ese Instituto, dirigido por Blas Cabrera, había comen­zado su actividad con instalaciones y material muy precarios; pero el renombre internacional del grupo de físicos y químicos que en él trabajaban (Cabrera, Catalán, Madinaveitia, Moles, Palacios, del Campo, Guzmán, Torroja...) había atraído el interés del «Interna­tional Board of Education» de la Rockefeller Foundation, que de­cidió costearles un edificio apropiado para que pudieran desarrollar sus actividades al nivel de sus colegas europeos. Catalán (junto con su mujer Jimena) y Moles, como consejeros científicos, y Sánchez Arcas, como arquitecto, recorrieron, enviados por la Fundación Rockefeller, los laboratorios de Suiza, Alemania, Dinamarca, Holanda e Inglaterra para diseñar el nuevo Instituto de Investiga­ciones Físicas y Químicas en el solar cedido por el Gobierno español junto al «Instituto Escuela» y no lejos de la «Residencia de Estudiantes».

      El Instituto «Rockefeller», diseñado por Sánchez Arcas, fue una construcción notable por su funcionalidad; toda su estructura, salvo una sobria portada neoclásica, respondía a las finalidades investigadoras del edificio, tal como Catalán y Moles las habían definido, en notoria oposición a lo acostumbrado en una era anterior y a lo que luego habría de ser la arquitectura franquista. La sorpresa de un periodista de la época nos permite hacernos hoy una idea del contraste entre el ámbito científico innovador del «Rockefeller» y el ambiente cultural de la sociedad española contemporánea:

    «—¿Usted no ha visto a unos doctores en Ciencias que allá, en el Hipó­dromo, trabajan bajo tierra, en fantásticas habitaciones de corcho? —Y ¿qué hacen? —Pues estudiar la estructura de los átomos.—... ¡Átomo! Nosotros incurríamos en la estupidez de llamar ’átomo’ a cualquier amigo insignificante... —Un átomo es todo un sistema planetario maravilloso (nos ha dicho un sabio en el Instituto de Investigaciones Físicas)... Si pudiéramos recoger, concentrar, la energía... habría fuerza suficiente para hacer saltar la tierra. Mire... la rápida e impremeditada industrialización de los avances científicos pudiera constituir, lo constituye, un serio peligro...— Sabed, lectores, que aquello de las habitaciones subterráneas construidas de corcho es una realidad. Están construidas en el soberbio edificio que la Institución Rockefeller ha regalado al Centro de Investiga­ciones Físicas... Hemos de escribir, aunque se nos rogó lo contrario, los nombres eminentes, prestigiosos dentro y fuera de España (más fuera que dentro) de Tomás Batuecas y Miguel Catalán... El doctor Catalán descu­brió los multipletes. Nosotros no sabíamos, ni lo sabemos muy bien aún, qué son los ’multipletes’... se trata de algo que sirve para averiguar la estructura íntima de los átomos mediante la observación del espectro...
    Ese muchacho..., que es una gloria científica, ha trabajado once años sin cobrar nada y hoy percibe, en aquel Instituto, ¡cuarenta duros al mes! Sus buenos cincuenta y siete duros gana Batuecas y hasta ochenta duros don Blas Cabrera... Tenemos la vaga sospecha de que esos hombres ten­drán también que comer, que vestir y una serie de necesidades, aunque sean más reducidas, similares a las de los demás mortales... Nosotros pen­sábamos, como resumen de esta información, indicarle a nuestro hijo que no se hiciera sabio...»

      La valoración de la contribución de Catalán al conocimiento de la estructura íntima de los átomos había venido, en efecto, más bien de fuera que de dentro. Pero la posibilidad de que en la España de entre guerras surgiera un espectroscopista atómico no se debió, simplemente, a la voluntad de un individuo aislado. La personalidad científica del Catalán de los años 30 era el resultado —uno entre muchos— de una política cultural sostenida, a lo largo de los primeros decenios del siglo, por un grupo influyente de educadores y científicos preocupados por incorporar el país al ámbito de la cultura centroeuropea.

      Catalán había llegado a Madrid en 1915, después de trabajar de químico un año en una fábrica de cementos cerca de Zara­goza, de donde era natural. Iba a cumplir 21 años (nació el 9-X-1894). Rasgos que habrían de ser sobresalientes en su personalidad venían ya definidos desde su adolescencia zaragozana: enemigo del atuendo, los comportamientos y las ideas convencionales; apa­sionado por la Naturaleza e inclinado a la aventura azarosa (ejemplos: su sinsombrerismo, que le había llevado en ocasiones a ser detenido; la manía de hacer excursiones en línea recta sal­vando obstáculos). Ya en Madrid, alojado en una casa de hués­pedes de la calle del ’Arenal, se desembarazó de abrigo, bufanda y camiseta para siempre; su naturismo le hizo frecuentar la Sierra, cuando aún era coto de muy contados «alpinistas», subiendo a pie desde Colmenar Viejo o Cercedilla y, más tarde, recorrer las Guarramas y Guarramillas en esquí, teniendo como base el Ven­torrillo, sin aprender previamente el arte correspondiente... Pero su principal preocupación, fuera del temor a que España dejara de ser neutral en la Gran Guerra y le tocara ir a pudrirse en una trinchera, era por entonces hacer el doctorado. Había tenido la fortuna de ser admitido en el Laboratorio de Investigaciones Físi­cas de la «Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas», que dirigían Blas Cabrera y Enrique Moles. El Labo­ratorio, aunque malamente instalado en los sótanos del «Museo de Ciencias Naturales» en Los Altos del Hipódromo, respondía a unos propósitos ambiciosos, pues la Junta, al crear el Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales a que el Laboratorio perte­necía, pretendía seguir los pasos de otros países europeos más desarrollados, que trataban de fundamentar su poder industrial mediante la promoción del cultivo de las Ciencias puras. Lo que faltaba en medios, intentaban suplirlo con entusiasmo un puñado de físicos y químicos españoles muy al tanto de las especialidades punta en aquel momento histórico (los hermanos Cabrera, Moles, Batuecas, Jimeno, Piña de Rubíes, Guzmán, etc.). Catalán empezó a trabajar con el primer espectroscopista español, Ángel del Campo.

APORTACIONES A LA ESPECTROSCOPIA ATÓMICA: LOS «MULTIPLETES»

      En aquellos tiempos, el espectrógrafo era el instrumento más preciado en los laboratorios de Análisis Químico, materia de la que Del Campo era titular en la Universidad, y uno de los pro­blemas más importantes de la Espectroquímica lo constituía el análisis de las rayas últimas en desaparecer al ir disminuyendo la proporción de un elemento en una mezcla, pues su conocimiento permitía determinar la presencia del elemento en cantidades mínimas. El tema asignado por Del Campo a Catalán para su investigación doctoral fue el de las líneas «últimas» del Magnesio (Mg), por ser elemento importante en muchas aleaciones e impu­reza en otras. Pero aunque entre los siete primeros trabajos que publica entre 1916 y 1920 haya varios en que estudia rayas «últimas» y en que descubre nuevas líneas útiles para la identificación de elementos dentro de los compuestos, Catalán se interesó muy pronto en la investigación de la estructura íntima de la materia, dejando poco a poco de lado la perspectiva químico-analítica de la Espectroscopia practicada por su maestro.

      No es, pues, de extrañar que, cuando la Junta le conceda una de sus becas de ampliación de estudios en el extranjero y en 1920 vaya a Inglaterra, acabe por integrarse, como «research student», en el laboratorio de A. Fowler, quien por entonces era uno de los más famosos espectrofísicos.

      Cuando Catalán llega como estudiante al Londres de después de la Primera Guerra Mundial, con 25 años aún no cumplidos, la Espectroscopia Atómica estaba a punto para el sensacional despe­gue que habría de tener en la década de los 20. Ya desde fines del siglo pasado se habían encontrado series en las rayas espectra­les de la luz emitida por los elementos químicos (inicialmente en el espectro del Hidrógeno, luego en otros espectros también senci­llos), identificándose, junto a las líneas simples o «singletes», «dobletes» (líneas dobles) y «tripletes» (líneas triples), y se habían distinguido las series s (sharp o neta), p (principal), d (difusa) y f (fundamental); pero sólo recientemente, en 1913, N. Bohr había ideado un modelo atómico que ponía en relación esas series y la estructura atómica del elemento que las produce. Los electrones giran alrededor del núcleo central, y si al pasar de una órbita a otra más externa absorben energía, al pasar a una órbita más interna, de menor energía, se liberan de la energía residual emi­tiendo una radiación. Esta conexión entre la estructura íntima de la materia y el espectro de la luz de cada elemento químico había venido a prestar enorme interés a la descripción, a través de sus espectros, de todos los elementos conocidos; pero los espectros de aquellos elementos que ocupan columnas muy avanzadas del Sis­tema Periódico, como el Manganeso, el Cromo, etc., estaban for­mados por miles de rayas aparentemente caóticas e indescifrables.

      Fowler sugirió a Catalán estudiar el Vanadio; pero Catalán optó por un espectro más complejo, que tenía la peculiaridad de que sus muchas líneas aparecían en forma de grupos bastante cerrados: el Manganeso (Mn). El 9 de marzo de 1921 escribe a su maestro Del Campo contándole sus progresos: Ha aprendido la técnica del espectro de chispa y se las maneja ya bien «hasta con los tubos», ha hecho progresos en los espectros de los astros («pues aquí se oye mucho»), ha conocido a Russell «el de la teo­ría estelar»...; pero, sobre todo, está «haciendo números y más números». Trabaja intensamente: entra a las 10 de la mañana y sale a las 10 de la noche («excepto un rato que dedico a comer y otro al té»). Aunque ha hecho «un esquema completo de las cua­tro series P. S. D. y F. perfectamente determinado», se debate aún con un «enorme fárrago de combinaciones que no era posible ordenar y entre ellos estaban los grupos más importantes del Mn...»; está queriendo encontrar explicaciones para varias obser­vaciones sorprendentes, sobre todo para el hecho de que las series difusas tengan características completamente nuevas que las dife­rencian de todas las series de «tripletes» conocidas.

      Por fin, a base de números y de nuevas placas, las cosas se van aclarando, y Catalán está en condiciones de demostrar, a tra­vés de los espectros del Manganeso y del Cromo, que la restric­ción, hasta entonces generalmente aceptada, de que todas las series eran de «dobletes» o «tripletes» era insostenible y que exis­tían otras regularidades de orden superior, a las que él bautizaría «multipletes». Con su demostración había quedado abierto el camino para el análisis de todos los espectros complicados.

       El trabajo de Catalán («Series in the Spectrum of Manganese») fue leído por el propio Fowler en la Royal Society de Londres, de la cual era «fellow», el 23 de marzo de 1922, y vería la luz en el vol. 223 de las Pbilosopbical Transactions of the Royal Society en julio de ese mismo año. Pero meses antes de su aparición, ya había acudido a Madrid Arnold Sommerfeld, el gran físico alemán, que compartía por entonces con Bohr el liderazgo de la Física Atómica teórica, y había recibido de manos de Catalán una copia manuscrita de su artículo aún inédito. Ello hizo posible que en agosto del mismo año Sommerfeld entregase a los Annalen der Physik un trabajo sobre la interpretación de los espectros complejos (Manganeso, Cromo, etc.) por el método de los números cuánticos internos, en que reconocía:

    «El estímulo para llevar a cabo esta ampliación [del esquema de los números cuánticos internos] lo encontré cuando pude conocer el análisis del espectro del Manganeso, que había realizado Herr Catalán en el labo­ratorio de A. Fowler. Se vio que los nuevos conjuntos de líneas analiza­dos por Herr Catalán encajan excelentemente en el esquema... Además de los espectros de arco y chispa del Manganeso, presentaba también espe­cial interés extender el estudio al espectro del Cromo, estudiado, asi­mismo, por Herr Catalán, pero sólo parcialmente...»

      Pronto empezaron a surgir trabajos sobre multipletes en Esta­dos Unidos, Francia, la India, Holanda, Argentina, Alemania, en fecunda competencia. Para evitar la duplicación de las investiga­ciones fue preciso crear una activa comunicación entre los labora­torios de todo el mundo y repartirse los temas. Los espectros que habían desafiado a todos tanto tiempo iban siendo interpretados rápidamente, y a través de ellos la disposición y estructura de las capas electrónicas.

      Por otra parte, entre los años 1922 y 1927 se produjo una explosión de trabajos teóricos sobre espectros y estructura ató­mica, que llevó a la construcción del más famoso monumento científico de nuestro siglo: la Mecánica Ondulatoria.

     «En 1921 —resume W. F. Meggers en el discurso inaugural del Con­greso de Espectroscopia conmemorativo del nacimiento de J. R. Rydberg (el descubridor de los singletes, dobletes y tripletes)— el descubrimiento de Catalán de términos espectrales con cinco o seis componentes inició un verdadero diluvio de regularidades (llamadas multipletes) en los espec­tros complejos. Sobre esa base, la teoría cuántica de los espectros atómi­cos se desarrolló rápidamente, con el invento de los números cuánticos internos por Sommerfeld, la sugerencia por parte de Uhlenbeck y Goudsmit de que la rotación del electrón (spiri) era responsable del des­doblamiento de los términos espectrales múltiples, el principio de exclu­sión de Pauli, que distinguía entre electrones equivalentes y no equivalen­tes, la correlación de Hund de los términos espectrales con las configuraciones electrónicas y la explicación, por parte de Landé, del efecto Zeeman anómalo, por mencionar sólo unas pocas contribuciones fundamentales. Así, los años veinte de este siglo han podido ser llamados la Edad de Oro de la Espectroscopia, porque en ellos se hizo posible interpretar teóricamente y con gran detalle la estructura fina de los espec­tros característicos de cualquier átomo o ion libre.»

      Catalán no permaneció al margen de esa acelerada actividad. En 1923-24, por iniciativa de Sommerfeld, recibió inesperada­mente una «fellowship» de la Rockefeller Foundation para pasar un año en Munich y exponer allí sus métodos y resultados obte­nidos, al tiempo que trabajaba con el teórico alemán; y, entre 1922 y 1929, publica, en revistas especializadas inglesas, alemanas y españolas, 28 nuevos trabajos, relativos a los espectros del Escandio, del Cromo, del Molibdeno, del Hierro, del Titanio, del Cobalto, del Paladio, del Manganeso... Sus laboratorios de Madrid se mantienen en la vanguardia de las investigaciones espectroscópicas y en ellos se forman o colaboran, tanto nuevos espectroscopistas españoles (como P. M. Sancho, P. de Madariaga, F. Poggio, J. M. Román), como varios extranjeros: el alemán Bechert (futuro rector de la Universidad de Giessen), Telles Antunes (del Observatorio de Lisboa), Gaviola (del Observatorio de Córdoba, Argentina). Al mismo tiempo, Catalán visita los laboratorios europeos: en 1925 el de Zeeman en Holanda, en 1927-28 los de varios países, con una subvención de la Rockefeller Foundation. La existencia de una «escuela de Madrid» de Espectroscopia Atómica era, al comienzo de los años 30, una realidad perfecta­mente conocida en el naciente mundo científico de la Física Nuclear.

      Después de la Guerra Civil Española, separado de la Univer­sidad, expulsado de sus laboratorios espectroscópicos e imposibili­tado de continuar sus investigaciones, Miguel Catalán hubo de rehacer su vida como pudo. Para sobrevivir en aquellos difíciles tiempos del «pan de bola» y el boniato, Catalán, que vivía con su mujer e hijo en el olivar de Chamartín en casa de su suegro (cesado como Presidente de la Academia Española y cuya cuenta corriente fue bloqueada durante algún tiempo por el Gobierno de Franco), entró en la industria privada.

      Tuvo la fortuna de que, gracias a Alvaro Gil, le dieron empleo los Fernández de «Mataderos de Mérida». En las fábricas de productos químicos Zeltia e Industria Riojana y en los labora­torios IBYS extractó vitaminas e hizo D.D.T., al tiempo que ideaba células fotoeléctricas y colorímetros. Apartado de la ense­ñanza oficial, Catalán se interesó en el proyecto pedagógico ini­ciado por su mujer Jimena Menéndez Pidal, tras la supresión del «Instituto Escuela» por el nuevo Régimen, y explicó Física y Química y aun Matemáticas, entre 1940 y 1946, en las pequeñas clases (ilegalmente mixtas de chicos y chicas) del «Colegio Estudio». No le costaba vulgarizar al nivel de Bachille­rato, pues había sido Adjunto y Catedrático del «Instituto Escuela» desde 1919 a 1931 (e incluso antes, en el Centro que, en Miguel Ángel, 8, constituyó el núcleo desde donde se «creó» el «Instituto Escuela»). También colaboró en la redacción de manua­les, lo más al día posibles, de Física y Química para niveles de Enseñanza Media.

      La ruina de su carrera científica no le hizo perder su carácter extrovertido; tampoco cedió, ante la presión del medio, en sus convicciones y modos de ser y estar: su naturismo, su pasión por el aire libre, el sol, el agua, la nieve, el hielo, los altos picos y las estrellas, era una extensión de su interés por la materia, por la estructura del núcleo, por la energía; su rechazo del convenciona­lismo en el vestir y su afán, tan chocante para sus contemporá­neos, de exponer el cuerpo a las inclemencias y «clemencias» naturales eran, por ello, tan irrenunciables para él como su nega­tiva a someterse al chantaje religioso y político de la sociedad en que tuvo que vivir.

      La evolución del mundo y sus repercusiones en la España franquista acabaron por restituir a Catalán su Cátedra de Estruc­tura Atómico-Molecular y Espectroscopia en la Universidad de Madrid, en donde un día de febrero de 1946 hubo de plagiar el fray-luisiano «decíamos ayer» después de diez años de forzada exclusión. Pero, en verdad, cualquier sentido de continuidad resul­taba imposible: de una parte, el entorno universitario español nada tenía en común con el de los años de la República; de otra, en las fronteras orientales de América habían explotado las prime­ras bombas atómicas. En la España de 1946, en medio del desierto intelectual impuesto por aquellos años de involución y aislamiento, era preciso hacer recorrer al alumnado a marchas forzadas todas las etapas del desarrollo de la Física del núcleo, simplemente para poder hacer comprensible el informe de la Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos, que Catalán había recibido, y enseñar el primer curso de Física Nuclear impartido en las Universidades españolas.

LA ESTANCIA EN AMERICA

      La reentrada de Catalán en el mundo de la investigación pura no fue fácil, ni aun entonces. Sus colegas norteamericanos inten­taban recuperarle para ella; pero a las dificultades que represen­taba el aislamiento y cerrazón de la España de Franco se sumó, en seguida, la evolución política de Estados Unidos, donde la Guerra Fría desencadenó la «caza de brujas» del McCarthismo contra los supuestos «compañeros de viaje» del comunismo. Tras la ejecución del matrimonio Rosenberg, incluso un Oppenheimer sufría los efectos de la paranoia anticomunista del Gobierno y del americano medio. Cuando, a invitación de la American Philosophical Society con sede en Philadelphia, Catalán trata de ir a USA para «realizar investigaciones sobre espectroscopia atómica», la Embajada americana le niega inicialmente el visado, por reve­rencial temor al adjetivo «atómico» y por el hecho de haber sido expedientado, en su día, por el Gobierno de Franco.

      Finalmente, Catalán fue a América en 1948-49 a trabajar en el «National Bureau of Standards» de Washington, con W. F. Meggers y Ch. Moore-Sitterly, en el «Massachusetts Institute of Technology» (M.I.T.) de Boston, con R. Harrison, y en la Uni­versidad de Princeton, con A. G. Shenstone, sucesor de Russell. Allí inició sus más importantes trabajos sobre efecto Zeeman y sobre espectros de átomos ionizados y desarrolló sus investigacio­nes sobre relaciones entre espectros, campo en el que años atrás se había introducido tímidamente en colaboración con sus discípu­los Bechert y Antunes, rompiendo ahora con el método clasico de comparar secuencias de espectros isoelectrónicos con distinto grado de ionización y ensayando un método nuevo muy eficaz para la predicción de configuraciones electrónicas experimentalmente desconocidas, que serviría de base al método de cálculo de niveles de energía de G. Racah. Durante su estancia en Washing­ton, vería, además, la luz, en la Circular 497 del «National Bureau of Standards», su propuesta de reordenación del Sistema Periódico de Elementos Químicos, basada en la adaptación de la famosa tabla de Mendelejeff a los progresos en el conocimiento de los átomos que había proporcionado la espectrografía.

      La estancia en América de Catalán convenció a las autorida­des científicas españolas de que era preciso poner fin a su largo ostracismo. J. M. Otero Navascués le ofreció (y consiguió que aceptara) formar parte del Instituto de Óptica «Daza de Valdés». Desde 1950 hasta su muerte dirigiría en él un pequeño Departa­mento de Espectros. En 1951 el nombre de Catalán reaparece, por fin, en los «Anales de la Sociedad Española de Física y Química». No obstante, la España oficial nunca llegó a devolver a Catalán el espacio y medios científicos necesarios para reanudar sus investigaciones con el ímpetu con que las inició en los años 20 y 30, hasta ser suprimidas por los vencedores de la Guerra Civil. En el momento de máxima actividad de su nuevo grupo de trabajo, Catalán sólo disponía de 5.000 ptas. de material de labo­ratorio, para él y sus ocho colaboradores. Todos ellos sabían, antes de empezar con él su trabajo, que tenerle como maestro les acarrearía graves problemas para progresar administrativamente. Cuando en el propio edificio que albergaba al Instituto de Óptica se iniciaron las primeras investigaciones sobre energía nuclear, di­simuladas tras el organismo EPALE, se dio orden expresa de negar a Catalán la entrada en las dependencias del organismo.

      En los años 50, Catalán fue repetidamente tentado por los espectroscopistas y astrónomos norteamericanos para que se inte­grara definitivamente en los laboratorios o universidades de USA y pudiera así continuar sus investigaciones con medios apropiados. Prefirió no hacerlo, por razones familiares; pero no cortó sus lazos con el «National Bureau of Standards» y la Princeton University, adonde volvió en 1950-51 y en 1953 y adonde pudo enviar a sus nuevos colaboradores españoles. También reanudó su asocia­ción con su antiguo discípulo portugués Antunes, injustamente preterido en su país por el Gobierno salazarista, y estableció muy especiales relaciones, enviando allá a varios de sus colaboradores, con el laboratorio de B. Edlen, en Lund (Suecia) y con el Zeeman Laboratorium de la Universidad de Amsterdam (Holanda). En la veintena de trabajos que publicó en los años 50, algunos de ellos postumos, en USA, Inglaterra y España, los nombres de los nuevos discípulos españoles, R. Velasco, F. Rico, O. García-Riquelme, M. Sales, L. Iglesias, se entremezclan con el de M. Telles Antunes y los de W. F. Meggers, A. G. Shenstone, F. Rohrlich, P. F. A. Klinkenberg, del «National Bureau of Standards» de Princeton y del Zeeman Laboratorium. En 1952 fue elegido miembro de la «Commission for Spectroscopy of the International Council of Scientific Unions».

      Catalán murió, en plena actividad, el año 1957 (el 11 de noviembre), de forma inesperada, tanto para él como para los que le rodeaban. Estaba trabajando sobre espectros de átomos múltiplemente ionizados (es decir, carentes de dos electrones) en elementos químicos de transición, frecuentes en las estrellas de tipo B, A, F y G (entre ellas el Sol), en colaboración con Meg­gers, Shenstone y Edlen. Con sus 63 años se sentía aún joven. Aquel mismo año había viajado desde la Patagonia hasta Canadá, después de enseñar el curso 1956-57 en Venezuela, invitado por la Fundación Mendoza (las Lecciones de Física Nuclear editadas a partir de sus conferencias son un buen ejemplo de su capacidad divulgadora), y de pasar por Berkeley (California) a conocer a su segundo nieto recién nacido.

      Cuando en 1970 la IAU (Unión Astronómica Internacional), tras laboriosas negociaciones, dio nombre a los accidentes de la cara oculta de la Luna fotografiada por los satélites, el cráter situado en 46° S y 87° W recibió el nombre de «Miguel A. Catalán», en reconocimiento a la importancia del descubrimiento de los multipletes para el desarrollo de la Astrofísica; y en 1972, sus colegas de USA, Suecia, Holanda, Francia, Inglaterra y Canadá aprovecharon la «III Reunión Nacional de Espectrografía» española para rendirle homenaje en el 50 aniversario del des­cubrimiento de los multipletes. Sin embargo, su nombre lo cono­cen hoy pocos en España.

Diego Catalán, 1987

EL BOTÍN DE GUERRA DEL CSIC FRANQUISTA: EL PATRIMONIO DE LA JUNTA PARA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS DE LA REPÚBLICA

 

El 24 de Noviembre del 2009 hará 70 años que se creó el  CSIC por Ley. No he visto, por ahora, ninguna información sobre  los actos para conmemorar este aniversario, lo que no me extraña , dado lo irregular del nacimiento del CSIC, como intentaré exponer a continuación.
Existe gran controversia entre los estudiosos de la historia del Consejo Superior de Investigaciones científicas (CSIC) sobre si existe una continuación o una ruptura en lo referente al espíritu entre dicha Institución y la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones científicas (JAE), pero en cambio si que están de acuerdo en que, en lo que concierne a los edificios y terrenos, se produjo una continuidad material. Es en este segundo aspecto en el que voy a centrar mi artículo, pues entiendo que la herencia material de los edificios de la JAE al CSIC se ha transmitido de una forma fraudulenta, por lo que más que hablar de herencia deberíamos decir rapiña, robo o apropiación indebida.

Equipamientos promovidos por la JAE (1907-1939).

Se inician en 1913, cuando la Junta para Ampliación de Estudios presidida por Santiago Ramón y Cajal decide instalar la sede de la nueva Residencia de Estudiantes,  que desde 1910 se encontraba dispersa en unos hotelitos de la calle Fortuny. El 11 de Agosto de 1913 por Real orden, el Ministerio de Instrucción Pública autoriza la construcción de nuevos edificios en los terrenos que le pertenecen en los Altos del Hipódromo. Fueron los arquitectos institucionistas Florez y Luque los encargados de estas construcciones. Los terrenos se extendían  desde el final de la calle Pinar, en la Castellana, hasta los altos del Hipódromo, para bajar en rápido desmonte a la plataforma ocupada por el Palacio de la Industria y sus Jardines (Museo de Ciencias Naturales) .Con el impulso renovador de la JAE, el museo se consolidó y, en 1913, pasó a llamarse Museo Nacional. Según palabras de su director Jiménez Fraud , ”…era un cerrillo inundado por el sol y batido por los vientos desde el que se disfrutaba de una gloriosa vista de la Sierra de Guadarrama….la Junta logró obtener una modesta subvención para construir los nuevos edificios…

Posteriormente en esta mítica Colina de los Chopos se fueron instalando otros edificios,  como el Instituto Escuela con sus campos de deporte, inaugurado en 1920.  En 1923, se construye la casa del director de la Residencia. En 1926 el Estado adquiere unos terrenos colindantes por el norte con la Residencia, donde se va a construir el Instituto de Física y Química y los nuevos edificios para la ampliación del Instituto Escuela. En 1930 se inicia la construcción del edificio dedicado a teatro, biblioteca de la Residencia, conocido como el Auditorium , siendo sus arquitectos los residentes Carlos Arniches y Martín Domínguez. En 1932 se inaugura el Instituto de Física –química financiado por la Fundación Rockefeller y construido por los arquitectos Manuel Sánchez Arcas y Lacasa. Durante la guerra civil, 1937-39, se instala allí la Residencia el Hospital de Carabineros para enfermos de malaria, dirigido por el Dr. Luís Calandre Ibáñez**, mi abuelo, Delegado de la Junta para ampliación de Estudios en Madrid durante la guerra. Se mejoraran algunas infraestructuras, y  el gobierno del Frente Popular republicano construyó un Refugio antiaéreo debajo de la Colina de los Chopos, para proteger a los científicos de la JAE y a los enfermos.
El Estado compra en 1929 el edificio conocido como “Palacio del Hielo” en la calle Duque de Medinaceli, en donde, después de unas obras del arquitecto Pedro Muguruza, se destina la parte central para el nuevo local del Centro de Estudios Históricos, así como la Secretaria de la JAE y el depósito de publicaciones de la misma.
Otros muchos edificios e infraestructuras fueron obra y patrimonio de la JAE como el Instituto Cajal(Cerro de San Blas-Atocha) El Jardín Botánico (situado entre el Paseo del Prado y la Costa Moyano , incluyendo en su interior el pabellón Villanueva) El Museo de Antropología, la Residencia de Señoritas entre la calle Fortuny y el Paseo del Obelisco, la Estación alpina de Cercedilla, la Misión biológica de Galicia, etc…

Fundamento jurídico

La creación del Instituto de España aparece por primera vez en el BOE del 8 de diciembre de 1937,  en donde en el artículo primero se dice “….las academias conservaran el título de Reales y formarán juntas un cuerpo total con el nombre de Instituto de España” cuyos detalles de organización y atribuciones se especificarán en disposiciones reglamentarias…”Firmado por Francisco Franco desde Burgos.
En el BOE del 2 de Enero de 1938 se desarrolla algo más la organización de dicho Instituto de España,… “Presidente Manuel de Falla, Vicepresidente Sainz Rodriguez, Secretario Eugenio D´Ors, Canciller Pedro Muguruza, Castañeda, Artigas, etc…”
Pero será con el Decreto del 19 de Mayo de 1938, publicado con ocasión de celebrarse el aniversario de la muerte de Menéndez y Pelayo donde Franco traspasaba al Instituto de España los bienes y servicios de la JAE a la que sustituía:

…Artículo primero: El Instituto de España, será el órgano a través del cual el Estado orientará y dirigirá la alta cultura y la investigación superior en España, viniendo a sustituir en parte a la Junta para Ampliación de Estudios y pensiones para el extranjero... Artículo segundo… el Ministerio de Educación Nacional detallará en órdenes sucesivas las funciones que como consecuencia del presente decreto, deban pasar a depender del instituto de España, así como las partes o servicios de los mismos que habiendo pertenecido a la Junta para Ampliación de Estudios deban ser entregados a las universidades….Artículo séptimo: Queda disuelta por este decreto la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones científicas…. Artículo octavo: Previendo en fecha próxima y ocasión de alto significado nacional de otro grupo de instituciones, concernientes al estudio de las ciencias de la naturaleza y matemáticas… se dispone la creación de los siguientes organismos… Centro de Estudios históricos, Centro de Arqueología e Historia Americana… (Firmado por Francisco Franco, y el Ministro de Educación Sainz Rodriguez, en Burgos).
El 11 de Abril de 1939,  se publica en el BOE una orden del ministerio de Educación Nacional aprobando los estatutos para el Instituto de España”…Según lo dispuesto en los Decretos de 8 de diciembre de 1937 y 19 de Mayo de 1938, este Ministerio a propuesta del Instituto de España aprueba los siguientes estatutos: “...Artículo primero… Tiene el carácter de organismo supremo, por cuyo instrumento el Estado organiza ordena y mantiene instituciones dedicadas al cultivo del saber y atiende al cumplimiento de sus fines según el Decreto del 19 de Mayo de 1938 que enumera un primer grupo de instituciones de este orden."

El 26 de Abril de 1939 se publica un nuevo decreto en cuyo preámbulo se dice “…El Decreto del 19 de Mayo de 1938… preveía que las fundaciones que en el mismo se encomendaban al Instituto de España de carácter literario e histórico, había de ser continuado con otras de carácter científico, filosófico, técnico… con ocasión del patrocinio del nombre de Ramón y Cajal con ocasión del aniversario de su tránsito… Articulo primero: Según idénticas bases estatutarias a las contenidas en el Decreto del 19 de Mayo de 1938 sobre fundaciones histórico-literarias… se procederá a la instauración por el Instituto de España de Instituciones de carácter científico….Artículo Tercero: …un centro de Estudios biológicos y Naturales con un laboratorio Ramón y Cajal para investigaciones biológicas, un laboratorio de Química y Biología… una sociedad y Museo de Ciencias Naturales, jardines botánicos y zoológicos, …un centro de altos estudios de Física, Química… Artículo quinto: Todos estos organismos, como aquellos a que se refería el Decreto del 19 de Mayo de 1938 se dotarán con cargo a los créditos consignados en el Presupuesto del Estado… Artículo sexto: Todos aquellos organismos científicos sobre los que ejercían dirección o patronato la desaparecida JAE y la Fundación Nacional de Investigaciones científicas y Ensayos de Reforma quedarán a cargo del Instituto de España que sucede a dichos organismos en sus derechos, funciones y personalidad jurídica…” (Francisco Franco, en Burgos.)
Con el propósito de aprovechar los servicios e infraestructuras de la JAE (esto es, el botín de guerra) el 24 de Noviembre de 1939* se crea por los vencedores fascistas el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, con representación tanto en las instituciones educativas y culturales como en los estamentos fundamentales del nuevo Estado. Entre su articulado destacamos “…artículo sexto: Todos los Centros dependientes de la disuelta Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones científicas, de la Fundación de investigaciones y ensayos de Reformas, y los creados por el Instituto de España, pasarán a depender del CSIC… Artículo décimo: …Los bienes de todas clases pertenecientes a la disuelta JAE y a la Fundación de Investigaciones pasarán al CSIC que asume las obligaciones antes encomendadas a aquellos organismos, continuando el mismo régimen económico establecido…” (Firmado Francisco Franco, Madrid).
En Febrero de 1940 se publica en el BOE un Decreto regulando el funcionamiento del CSIC.
En el BOE del 28 de Abril de 1940, se publica una orden disponiendo que el Instituto de España traspase al recién creado CSIC todos los servicios de la Disueltas Juntas para ampliación de Estudios y Fundación Nacional de Investigaciones científica, “…Primero: El Instituto de España traspasará al CSIC en el plazo de ocho días los servicios, locales, efectos y documentación procedentes de las extinguidas JAE y Fundación Nacional…” (Firmado por Ibáñez Martín, Ministro de Educación Nacional).

Conclusiones

El traspaso de los bienes patrimoniales, así como de otros servicios de la JAE al CSIC, se hicieron de manera fraudulenta a través del Instituto de España, pues se fundamentaron en el Decreto del 19 de Mayo de 1938, emitido por el gobierno ilegal de Burgos, que se rebeló contra la legalidad republicana, y que por tanto no tiene validez jurídica.
Dado que todo el entramado jurídico que acabo de exponer, hace siempre referencia a dicho Decreto y se van entrelazando unos Decretos y Ordenes con otras, queda claro que todos los edificios que pasaron al CSIC así como los nuevos que construyó en terrenos que pertenecían a la JAE, (como sería el caso de la actual Sede Central y el Instituto de Edafología, bra  del arquitecto Miguel Fisac,  en los terrenos que antes de la guerra habían estado ocupados por los campos de deportes de la Residencia de Estudiantes), o las diferentes obras de rehabilitación de los edificios de la antigua JAE, como la transformación del Auditórium en Iglesia del Espíritu Santo , o las obras llevadas a cabo en el Instituto Cajal, el Palacio del Hielo en Duque de Medinaceli, la Residencia de Señoritas trasformada en un Colegio Mayor y luego en el Instituto Ortega y Gasset, o el Instituto Escuela que paso a ser el Colegio Ramiro de Maeztu , en donde también se hicieron obras , son ilegales, pues se basan en dar la propiedad al CSIC, legitimando el Decreto de Mayo de 1938 , ilegal de raíz. También en terrenos del Campus se construyó el Archivo Histórico Nacional, ahora dependiente del Ministerio de Cultura.

Y lo más grave, las obras llevadas a cabo con el consentimiento del CSIC, sin licencia municipal, en el pabellón Trasatlántico de la Residencia de Estudiantes en los años 90 (con el agravante de pasar por alto la  protección como Bien de Interés Cultural, categoría monumento), destruyendo parte de un Refugio antiaéreo construido en el subsuelo, en 1937,  para el Hospital de Carabineros situado en la Residencia, sin siquiera haberlo inventariado, lo que acumularía una cuadruple ilegalidad:

1) La de hacer obras sobre una propiedad que no esta claro les pertenezca,

2) de haber rehabilitado sin licencia del Ayuntamiento de Madrid, destruyendo parte de un vestigio de arquitectura militar de la guerra,

3) de ser sobre un edificio con protección BIC

4) además,  haber solicitado un galardón europeo, ocultándolo todo en la solicitud. Por ello he vuelto a formular una denuncia al Ministerio de Cultura el día 20 de Octubre del 2009, en los siguientes términos:

“Cristina Calandre solicita le sea retirado el galardón sello Patrimonio Europeo a la Residencia de Estudiantes , por el otorgado por el Comité de Patrimonio Europeo, en marzo del 2007, mientras se aclara la propiedad de esos edificios, pues, en el formulario de Solicitud, esta Residencia pone que los edificios son propiedad del CSIC y que éste, en base a un acuerdo Marco,  firmado en Septiembre de 1990,  cede la utilización de los edificios e instalaciones a la Fundación Residencia, cuando según todo lo expuesto anteriormente, el fundamento jurídico esta viciado de origen y, por tanto, queda en entredicho los derechos de propiedad del CSIC,  e invalidado dicho acuerdo Marco.

Y por entender que yo, nieta del Dr. Luís Calandre Ibáñez, (nombrado en Octubre de 1938 por el Gobierno legítimo de la República, Delegado de la JAE en Madrid) soy parte interesada, como ya manifesté en mi anterior reclamación al Comité de Patrimonio Europeo de Julio del 2009, y que me fue desestimada, pues entiendo que dar por legal dicho Decreto franquista de 19 de Mayo de 1938 impide en reconocimiento jurídico de mi abuelo y va contra su honor y el de la II República. “


Y no sé si sería tan grave como lo anterior que se materializara un proyecto del CSIC para revalorizar “su patrimonio”,  con la creación de un de parque temático de la Ciencia, repensando la Colina de los Chopos, y comenzando con un parking subterráneo para 300 coches, seguramente en donde se encuentra el Refugio sin inventariar. Pero deberían sobre todo repensar si esa “Colina de los Chopos“ es un patrimonio que les pertenece, o ,quizás, tengan que devolvérselo a la Junta para Ampliación de Estudios, aunque sea retroactivamente, a la que se lo arrebataron de mala manera.

PS.
Yo no sabía que se podía vender un inmueble dos veces por el mismo propietario. Tal fue el caso del Instituto Internacional de Boston, en Madrid, (Miguel Angel 8),  que, en 1924,  vendió  por 250.000 pesetas su propiedad en la calle Fortuny 53 al Ministerio de Instrucción Pública,  lugar donde se estableció la Residencia de Señoritas (de la JAE) dirigida por María de Maéztu,  y que luego, en 1999,  el Instituto Internacional de Boston volvió a vender ese mismo edificio al Estado español por 650 millones de pts.,  pagando además la Fundación Ortega y Gasset que se encontraba ocupándolo desde 1982, 75 millones. Actualmente está presidida por el Rey.
Casualmente yo realicé mi doctorado y suficiencia investigadora en esta Institución,  en la calle Fortuny 53 , y estudié el bachilletato en el Colegio Estudio,  situado en Miguel Angel 8,  del Instituto Internacional . ¡Qué buén negocio para los norteamericanos,  y qué  malo para el Estado español ha sido el botín de guerra de la JAE!

 
Aprovechando que Mercedes Cabrera Calvo Sotelo era ministra de Educación y Ciencia (en excedencia estaturaria como patrona en la Fundación Ortega y Gasset),  se inscribió el 14 de enero del 2008 a nombre de ese Ministerio el edificio de Fortuny 53. Habian pasado más de 80 años desde su venta al Estado, en 1927. Lo extraño es que, en 1939, no se lo apropiara el CSIC como todos los demás bienes de la JAE.
En 1994 fue declarado por la Consejería de Cultura de la CAM como bién de Interés cultural (BIC) , pero anteriormente ya había tenido una rehabilitación en 1984-85 a cargo de los arquitectos Pérez-Pita y Jerónimo Junquera. Lo que no sé es quien sería el promotor de esa obra, pues en tal fecha lo ocupaba ya la Fundación Ortega y Gasset
 
Por otro lado ,es una buena noticia pues al estar inscrito a nombre del Ministerio de Educación y Ciencia, y en ningun momento apareciera el CSIC como titular de dicho solar y edificio en la calle Fortuny 53,(que según la Ley de creación del CSIC del 24 de Noviembre de 1939 adjudicaba todos los bienes de la JAE disuelta por el Decreto de Mayo de 1938 al CSIC , como sería este inmueble) sienta jurisprudencia de que dicha legislación no se ha cumplido y por tanto que la JAE no fue disuelta en Mayo de 1938 por el BOE.Y esto es lo que yo vengo reivindicando desde hace 3 años(mediante todas mis publicaciones ) pues impedía el reconocimiento jurídico de mi abuelo Luis Calandre Ibañez, como Delegado de la JAE nombrado por el gobierno legítimo de la Republica en Octubre de 1938. Ahora sólo queda que el Gobierno derogue ese decreto lo antes posible, lo cual tienen mucho más facil. !Eso sí, nos ha salido bastante caro, pero es de justicia!
 
Otra prueba para demostrar que el Decretro franquista del 19 de Mayo de 1938 es nulo lo tenemos en el actual colegio Ramiro de Maeztu, antiguo Instituto Escuela, que esta transferido a la Comunidad de Madrid. Por orden del 4 de Abril de 1939 (BOE), el Ministerio de Educación Nacional dice "se establecerá el Ramiro en los locales del Hipodromo del mismo Instituto Escuela". Si vemos el Registro de la Propiedad se dice que es el Estado el titular al 100%, eso sí, en el año 1926. La Ley de creación del CSIC de noviembre de1939 no llego a tiempo, se le adelantó el Ministerio de Educación.
En 1978 fue declarado Bien de Interés Cultural, aunque posteriormente se hicieron varias obras de rehabilitación, que espero cumplieran con la Ley de Patrimonio histórico de 1985.

 
Más y más pruebas de la nulidad de ese ignominioso decreto franquista:Orden del 14 de Agosto de 1940 :  "Visto bueno por el que se aprueban obras de reparación y reconstrucción de cierre de los terrenos en los altos del Hipódromo propiedad de este Ministerio" (El de Educación,  y no dice nada del CSIC).  Más: Orden del 8 de Diciembre de 1941 "Visto el proyecto de urbanización de los terrenos situados en los altos del Hipódromo propiedad de este Ministerio (de Educación). Ante todo esto,  peligra la legalidad de la Ley fundacional del CSIC del 24 de Noviembre de 1939,   confiscando las propiedades de la JAE antes de finalizar la guerra, y van a tener que compartir "su botin" con el Ministerio de Educación , pero los del CSIC, muy listos,  han creado un nuevo ministerio, el de Ciencia e Innovación, al que se llevaron, en el  año 2008,  la dirección general de Universidades,  que afortunadamente devolvieron en el 2009 a Educación. !Vaya lucha por el botín de la JAE!.


Y puestos a seguir con las indagaciones de los graves delítos, acabo de constatar otro más, en este caso, del Estado Español, pues al tramitar la solicitud de la Residencia para el galardón Sello Patrimonio Europeo,  en el 2007,contravino la  "Declaración de la Unesco relativa a la Destrucción del patrimonio cultural "aprobado en Octubre del 2003 en donde se especifíca (...) El Estado que intencionadamen te destruye su patrimonio cultural... asumirá la responsabilidad de esos actos, según el Derecho internacional.."  El Estado español no informó, ni a la Unesco ni al Comité de Patrimonio Europeo, formado por los ministros de los 27 paises comunitarios,  de que se había destruído parte de un vestigio arqueológico de la Guerra Civil en el subsuelo, cuando lo conocía perfectamente,  aunque sus responsables lo nieguen.
Tendrá que ser,  pues,  mediante la aplicación del Derecho internacional como conseguiremos,  no solo proteger el Refugio y quitárle el Galardón Patrimonio europeo a la Residencia,  sino exigir, además, rsus esponsabilidades al Estado Español. Y qui estan todos implicados:Comunidad de Madrid, Ayuntamiento de Madrid, Ministerio de Cultura, Ministerio de Hacienda, CSIC-Ministerio de Educación, y la Monarquía .

Cristina Calandre Hoenigsfeld.  Publicado en http://www.loquesomos.org

Más información

*Una ley de gran trascendencia para la cultura nacional: Las funciones del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
En el Consejo de ministros de ayer ha sido aprobada una ley, .presentada .por el de Educación, D. José Ibáñéz Martín, con la que se crea el Consejo Superior de investigaciones Científicas, con el altísimo propósito de renovar nuestra tradición cultural y restaurar la clásica y. cristiana unidad de las ciencias, devolviendo a .las mismas su régimen de sociabilidad, coordinación y jerarquía.
La investigación  científica cumplirá así sus fines,-elaborando una aportación, a la cultura universal, formando un profesorado rector del pensamiento hispánico, elevando la técnica :y la producción científica, insertando las ciencias en. ía marcha normal y progresiva de la Historia y conjugando la tradición universal y católica con las exigencias modernas. Por esta ley se establece que al Estado compete el impulso y apoyo, de esta tarea, secundado por la cooperación de las Reales Academias, de Ja Universidad y de los Centros de la. ciencia aplicada y de investigación de todo orden. A la organización, científico-técnica, se le asigna un importantísimo papel en el plano de los problemas nacionales, en tal modo, que sea la ciencia la que cree la potencia de la Patria.
Para el desarrollo ds la investigación se establece, como condición primordial, la comunicación: e intercambio,!con los demás Centros investigadores del mundo, .y de modo especialísimo con. los de aquellos países que se hallan incluidos dentro, de la órbita de la Hispanidad y señorío espiritual de nuestra Patria.
El alto patronato del Consejo corresponde al Caudillo, presidiéndolo en su representación el ministro de Educación Nacional integrarán el Consejo representantes de la Universidad, Escuelas Especiales, Cuerpo de Archivos, Reales Academias, Centros investigadores del Ejército, Marina, Aire y Ciencias Sagradas y de la Falange.
Actuará por plenos, que se reunirán una vez al año para aprobación de presupuestos y planes de trabajo, y estará constituido por dos vicepresidentes, un secretario y un interventor.
Organizará .también este Consejo el intercambio científico de los Centros investigadores, especialmente en lo que concierne al régimen de pensiones, becas, cursos y conferencias de profesores españoles y extranjeros, etc.
El ministro de Educación Nacional queda facultado para reglamentar, interpretar y aplicar la ley, así como para organizar
definitivamente, después de oídas las Academias, el Instituto de España, que subsistirá -como enlace -de las misinas,

Publicado en ABC (Madrid) - 25/11/1939

**Informe de depuración contra el Dr. Luis Calandre Ibáñez, delegado de la JAE, y firmado por José Luís Rodríguez Candela, miembro de la secta católica Opus Dei que copó el CSIC desde el inicio,  y auspició la inhabilitación y denuncia ante la justicia de todos los científicos de la JAE:

***"LA PRODIGIOSA AVENTURA EL OPUS DEI.  GÉNESIS Y DESARROLL

 

LA PRODIGIOSA AVENTURA EL OPUS DEI. GÉNESIS Y DESARROLLO DE LA SANTA MAFIA" de Jesús Ynfante; publicado online en opuslibros.org:
1. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas
2. Los tentáculos del CSIC

José Ibáñez Martín, ministro de Educación y Ciencia,  en el discurso fundacional del CSIC:
"Queremos una ciencia católica. Liquidamos, por tanto, en esta hora, todas las herejías científicas que secaron y agostaron los cauces de nuestra genialidad nacional y nos sumieron en la atonía y la decadencia. [...] Nuestra ciencia actual, en conexión con la que en los siglos pasados nos definió como nación y como imperio, quiere ser ante todo católica."

Foto del frontispicio del CSIC, 1939,  dándole una contundente golpiza al latín, vía Wikipedia

MANIFIESTO DE LOS ESTUDIANTES Y PROFESORES DE LA UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO/ EUSKAL HERRIKO UNIBERSITATEA

MANIFIESTO DE LOS ESTUDIANTES Y PROFESORES DE LA UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO/ EUSKAL HERRIKO UNIBERSITATEA

Ante los rumores aparecidos en prensa sobre la desaparición de las titulaciones de Filología Hispánica, Francesa, Clásica y Alemana en la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea, los alumnos y profesores de la Facultad de Letras manifestamos lo siguiente: 

  1. La eliminación de estas cuatro filologías supone la amputación de una parte fundamental del patrimonio cultural de la Comunidad Autónoma Vasca, con la disminución del capital intelectual y simbólico que ello supone y el coste social que implica en el marco europeo en que nos ubicamos.
  2. Tal como define la L.O.U. y los Estatutos de la UPV-EHU una de las funciones principales de la Universidad es la “preparación para el ejercicio de actividades profesionales”, pero es indiscutible que entre las funciones que se definen para la institución universitaria en la propia ley, tal como recogen los citados estatutos, se encuentran también “la difusión del conocimiento y la cultura”, “el desarrollo de la ciencia […] así como […] la transferencia del conocimiento al servicio de la cultura, de la calidad de la vida” y la formación de una actitud “crítica”.
  3. No puede estructurarse la enseñanza superior atendiendo exclusivamente a la servidumbre a un sistema económico y social que proyecta sus beneficios económicos a corto plazo. La rentabilidad social de los estudios humanísticos y de las filologías en particular es mucho mayor que los beneficios económicos directos que se producen en un sistema de mercado como el que soportamos.
  4. El papel de la investigación y de la transferencia de conocimientos en Filología es sin duda más difuso que en los dominios de las ciencias duras, pero su impacto social y cultural es al menos tan profundo y duradero como el de aquellas.
  5. La eliminación de las cuatro titulaciones de Filología en la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea plantea el problema fundamental de la redefinición del saber en el estadio actual y del papel que la enseñanza superior, pública y de calidad, desempeña en nuestra sociedad.
  6. La eliminación de estas cuatro titulaciones de la Universidad pública abre el debate sobre la implantación de un modelo privatizado en la enseñanza pública.
  7. A su vez, la eliminación de estas cuatro titulaciones cuestiona y desarticula el futuro de la enseñanza secundaria en la Comunidad Autónoma Vasca y su valor como servicio público obligatorio e indispensable para la formación de los ciudadanos. ¿Qué sucederá cuando la demanda de nuevos filólogos en secundaria no pueda ser satisfecha? ¿Quién va a desempeñar esa labor?
  8. Es necesario repensar el papel de la investigación y la transmisión del conocimiento en la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea y en la propia sociedad vasca, y el papel esencial que en ésta desempeñan los estudios de Filología.
  9. El estudio de las filologías no es sólo un modo de erudición, sino una forma de profundización en la cultura y de construcción de una identidad histórica y social, tanto en nuestra comunidad como en el contexto europeo.
  10. La Universidad debe seguir desempeñando el papel de garante de una conciencia crítica en la sociedad, a la que sirva como espacio de reflexión y de defensa rigurosa de los valores de un sistema plural.

Foto de portada: el peligroso y subversivo filólogo y poeta Dámaso Alonso

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LA CIENCIA ESPAÑOLA EN LOS SIGLOS XIX Y XX (2)

LA CIENCIA ESPAÑOLA EN LOS SIGLOS XIX Y XX (2)
LA FIGURA DE JOSÉ CASTILLEJO

Las consecuencias de la guerra civil fueron muy nefastas para la ciencia española, y no sólo por la destrucción de laboratorios o, incluso, por el exilio de científicos relevantes, sino sobre todo por el espíritu revanchista de los vencedores, para quienes cualquier iniciativa que se hubiese puesto en marcha en la república, o en épocas anteriores, era perversa per se. Con ese espíritu revanchista pero, sobre todo, con la intención de eliminar la relativa autonomía de la JAE y supeditar la ciencia española a una ideología concreta y, en especial, al poder político establecido, se creó en 1940 el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Aunque las anécdotas no generalizan a la historia, cómo ya he comentado, sí creo, sin embargo, que son ilustrativas del espíritu que impregnaba la época y, por tanto, las instituciones que en ella se crearon.
Me gustaría por ello contar lo que le sucedió a José Castillejo, secretario de la JAE, y alma mater de la misma durante 27 años, pues su presidente, Santiago Ramón y Cajal, era en esa época demasiado mayor.
Castillejo estudió filosofía, derecho e historia y se doctoró en derecho y en historia. Amplió su formación con cursos de economía e historia en Alemania y fue catedrático de Derecho Romano en las universidades de Sevilla, Valladolid y Madrid. Como buen humanista, también estaba interesado en las ciencias, en especial por la zoología y la fisiología.
Su obsesión era abrir un país cerrado como España hacia el mundo, lo que le impulsó a crear la "Escuela Plurilingüe" en la que los alumnos recibían clases en distintos idiomas, dependiendo de la nacionalidad del profesor que impartiera la asignatura. Su intención era que los alumnos españoles pudieran realizar intercambios con los de otros países, pero el gobierno español no lo permitió. Esta escuela tuvo numerosos problemas con los distintos gobiernos de la época, entre otros motivos porque pretendía que la enseñanza religiosa estuviera al alcance de todos los alumnos pero que no fuera obligatoria. La escuela cerró en 1936 y en esa fecha contaba con 200 alumnos que hablaban inglés, alemán y francés además de latín. Entre los padres que apoyaban el proyecto pedagógico de Castillejo se encontraban Jorge Guillén, Pedro Salinas y Andrés Segovia.
Castillejo consiguió que salieran al extranjero los alumnos recién doctorados y fue el impulsor de una residencia de estudiantes al estilo inglés, en la que alumnos de diferentes carreras vivían juntos de forma que aprendieran unos de otros. La idea era que la formación cultural se prolongara más allá de las aulas. En esta residencia se alojaron como alumnos, entre otros, Lorca, Buñuel y Dalí; y como visitantes, Unamuno, Juan Negrín y Ortega y Gasset.
La ciencia española le deberá siempre a Castillejo ser, por ejemplo, el gran impulsor del Instituto Nacional de Física y Química, una institución que abrió sus puertas en 1932, gracias a las donaciones económicas de la Institución Rockefeller, la cual, tras largas negociaciones con el gobierno español, sufragó los gastos de la creación de un instituto de investigación dotado con los aparatos más avanzados de la época.
Castillejo, en vista de los escasos recursos que el gobierno español dedicaba a la investigación, decidió visitar en 1919 la sede de la Fundación Rockefeller en Nueva York. Era una institución creada en 1913 y que, por entonces, prácticamente sólo se ocupaba de temas biomédicos, a través de la International Health Board (IHB) y de impulsar la ciencia en los países poco desarrollados. Castillejo deseaba que la fundación estableciese en España un centro científico de laboratorios compuestos por médicos americanos y españoles.
En febrero de 1922, el director general de la IHB, Wickliffe Rose, visitó España para comprobar in situ cómo estaba la situación científica del país y si merecía la pena la donación económica necesaria para impulsar la ciencia o, por el contrario, si el nivel investigador era tan ínfimo, que esa ayuda no serviría para su propósito. De aquel viaje salió, por ejemplo, la posibilidad de que médicos españoles se formaran en la prestigiosa Escuela de Higiene del Hospital John Hopkins de Nueva York. Tras la visita, los estadounidenses concluyeron que no se veía claro que la inversión necesaria para costear un laboratorio de investigación en España tuviera los frutos deseados, dado el mínimo nivel científico del país.
En 1923 se creó la International Education Board, y Rose fue nombrado presidente. Castillejo no cejó en su intento de atraer para España esas inversiones para laboratorios científicos por lo que, valiéndose de su amistad con Rose, éste accedió a realizar una nueva visita a España y acompañado por Castillejo, se entrevistaron con el jefe de gobierno de entonces, el general Primo de Rivera.
El proyecto casi se suspende por la, nuevamente, miopía política de los gobiernos españoles. Así, en 1926 el gobierno decidió cambiar, repentinamente y sin ninguna justificación, el mecanismo de selección de los vocales de la JAE, de forma que se primaran más las creencias políticas y religiosas que los méritos científicos. Este cambio, según se desprende de las cartas de Castillejo a la Fundación Rockefeller archivadas en dicha fundación, "fue instigado por un grupo de jesuitas que tiene gran influencia en el ministro de Educación". (Sánchez Ron, 1999: 241)
En realidad, la modificación tenía como base el hecho de que el doctor Castillejo tenía fama en Madrid de ser anticlerical, lo que llevaba a que la JAE estuviera siendo vista como anticlerical. Un informe de la Fundación Rockefeller indicaba que, en general, los sacerdotes españoles no se oponen a las actividades científicas, aunque no están de acuerdo en que éstas sean dirigidas por anticlericales declarados.
La institución Rockefeller se alarmó ante la modificación propuesta por el gobierno y en 1927 reconocía que "el éxito del experimento" para implantar la ciencia en un país "científicamente retrasado" como España, estaba fuertemente hipotecado por esta nueva forma de nombrar a los miembros de la Junta.
Gracias a Castillejo, otra vez, pudieron limarse asperezas y el 6 de febrero de 1932, ya bajo el nuevo régimen de la II república, tuvo lugar la ceremonia de inauguración del nuevo Instituto Nacional de Física y Química, conocido también como Instituto Rockefeller, en un acto en el que estuvieron presentes entre otros, Pierre Weiss y Arnold Sommerfield. La nueva esperanza que se vislumbraba sobre la ciencia española fue truncada rápidamente por la guerra del 36.
Castillejo consiguió que, gracias a las donaciones de la fundación estadounidense, los científicos españoles estuvieran bien pagados. Sin embargo, según cuenta su esposa en su libro de memorias ’Respaldada por el viento’, Castillejo nunca permitió que le subieran su sueldo de secretario de la Junta, aunque se lo aumentaran al resto de los funcionarios.
En el Instituto Nacional de Física y Química trabajaban Blas Cabrera, que fue su director, y profesores como Moles o Catalán. Esos cuatro años entre 1932 y 1936 en que comenzó la guerra civil, "constituyeron el clímax de la física española en toda su historia" [...].
El estallido de la guerra civil, el 18 de julio de 1936, sorprendió a Castillejo en Ginebra. Al regresar a España le insinuaron que debía marcharse porque su nombre figuraba en varias listas negras, entre ellas en la de los anarquistas, en cuyo periódico, Claridad, se publicó su nombre como "una de las personas que había que liquidar". El ex secretario de la JAE envió a su familia a Gran Bretaña pero él quiso permanecer en Madrid.
La situación se complicó cuando se repartieron armas entre la población dando pie a innumerables venganzas personales "en nombre de España y de la libertad".
La venganza hacia Castillejo ha sido descrita, entre otros investigadores, por Carmela Merino. Ésta consistió en un bochornoso "paseo" que le hicieron dar a Castillejo, quien en 1936, ya no tenía poder sobre la JAE, pero que aún era considerado como el impulsor de la vinculación de la ciencia española con la del resto del mundo. Así, profesores que él conocía y a los que había ayudado se presentaron en su casa con fusiles y lo obligaron, entre insultos y abucheos, a caminar hasta el Centro de Estudios Históricos, para que entregara llaves y documentos, sobre los que ya no tenía poder. El acto de venganza pudo tener consecuencias dramáticas, de no ser por la intervención de algunos amigos de Castillejo, entre ellos, el ministro Barnés y Ramón Menéndez Pidal. Finalmente, el linchamiento se resolvió condenado a Castillejo al exilio a Londres.
Cuando llegó a la capital inglesa, en realidad sólo habían pasado doce días desde que su familia se había separado de él; sin embargo, el episodio del humillante "paseo" dejó una profunda huella en él, según relata su viuda en sus memorias [...].
Castillejo, cuya filosofía de vida, según él mismo confesaba, era el Derecho Romano, había contribuido de forma muy notable a la liberalización de las ideas, a la potenciación de la ciencia y de los científicos y a la reforma del sistema educativo español para que fuera más flexible e internacional:
"Si fuera necesario comprobar su inmensa influencia en la liberalización de las ideas en España, la prueba la facilitaría el propio Franco. Cuando éste pasó revista a la obra de los diversos profesores universitarios en el exilio, a fin de despojarlos del puesto vitalicio que tenían, Castillejo fue al que dieron de baja sin explicación alguna. ‘Siendo las razones tan evidentes para cualquiera’. ‘Para cualquiera menos para mí’, comentó José" (Claremont de Castillejo, 1995: 97).
José Castillejo murió en Londres, el 30 de mayo de 1945. Unos días antes escribió una charla que fue leída tras su fallecimiento por un locutor en la emisión española de la BBC. En este artículo, que tituló "Testamento espiritual" y que fue traducido y publicado por la revista Fortnightly Review, decía: "He hecho todo lo que he podido por España durante mi vida. Ahora cae la responsabilidad sobre otros más jóvenes que yo".

Carlos J. Elías, 2001.
Influencia de la historia de España (siglos XIX y XX) en el periodismo especializado en ciencia Revista Latina de Comunicación Social, número 39, de marzo de 2001, La Laguna (Tenerife)
Vía: http://www.ull.es/publicaciones/latina/2001/latina39mar/112elias4.htm

LA CIENCIA ESPAÑOLA EN LOS SIGLOS XIX Y XX (1)

LA CIENCIA ESPAÑOLA EN LOS SIGLOS XIX Y XX  (1)
El siglo XIX fue crucial en la historia de la ciencia, tal y como la conocemos en su concepción actual. En él se produjo la institucionalización de ésta en países como Inglaterra, Francia, Alemania o Estados Unidos. Esto quiere decir que la ciencia se configuró durante esa época en una actividad absolutamente profesionalizada. Los estados se dieron cuenta del enorme poder que almacenaba, en especial en áreas como la física o la química.
En este sentido, a lo largo del siglo XIX ésta llegó a adquirir una relevancia social y una inserción socioeconómica nunca antes alcanzado. Esta situación fue consecuencia de las investigaciones y los resultados obtenidos por científicos como Faraday, Carnot, Virchow, Helmholtz, Clausius, Kirchhoff, Bunsen, Liebig, Berzelius, Kekulé, Mendeleiev, Van´t Hoff, Pasteur, Maxwell, Kelvin, Hertz, Galois, Riemann, Mendel, Koch, Lyell o Darwin, entre otros. En España sólo tendremos un científico de la categoría de los anteriormente citados: Santiago Ramón y Cajal.
Sin ellos, la ciencia no hubiese adquirido el nivel que luego tuvo y que aún mantiene en la actualidad, aunque con matices. También es cierto que la mayoría de los países donde la ciencia floreció se beneficiaron de coyunturas económicas favorables: las posibilidades del nuevo Reich alemán en 1871 con Bismark a la cabeza, la capacidad industrial estadounidense y el comercio y, en definitiva, las posesiones de Francia y Gran Bretaña.
En España, por el contrario, el siglo XIX fue uno de los más inestables y convulsos de su historia. La situación fue tal, que muchos atribuyen el desenlace final de la guerra civil del 36 a los conflictos surgidos y gestados durante el XIX [...].
El final de la guerra de la independencia no significó que se retornara a la situación de la Ilustración, aunque en el primer periodo absolutista de Fernando VII se pensase en restaurar algunas de las instituciones de la época de Carlos IV. La sublevación de Riego, el trienio liberal, el regreso al poder de Fernando VII, las guerras carlistas y las continuas crisis de gobierno explican que hasta pasada la mitad del siglo, ya en el reinado de Isabel II, no comenzase a mejorar la situación, sino todo lo contrario. Mientras, países como Alemania, Francia, Estados Unidos o Gran Bretaña gozaban de una prosperidad envidiable y, a todas luces, habían arrebatado a España el papel de nación poderosa y hegemónica. Era una situación de la que, como se ha mencionado, no se supo aprovechar para el florecimiento de la ciencia española mientras duró. Si cuando las condiciones eran favorables, la ciencia no se desarrolló, era obvio que en condiciones adversas y con el tradicional "espíritu anticientífico" español, la situación no iba a mejorar [...].
Sin embargo, una luz de esperanza se abría en la España del XIX con la creación de la Institución Libre de Enseñanza (1875), una institución en la que el estudio y la divulgación de la ciencia tenía un papel primordial como demuestra el punto primero de sus bases generales en el que se señala que "su objetivo es fundar una Institución Libre consagrada al cultivo y propagación de la ciencia en sus diversos órdenes" [...].
Respecto al balance final de los logros de la ciencia española en el siglo XIX puede afirmarse que, mientras las ciencias naturales prosperaron, como consecuencia, entre otros motivos, de la tradición de las facultades de medicina y de los colegios de cirugía; la física, la química y las matemáticas sufrieron un importante retroceso no sólo respecto al siglo XVIII sino, sobre todo, con relación al progreso que de estas disciplinas se llevó a cabo en países como los europeos, incluyendo Rusia y Estados Unidos. Una de las posibles causas que expliquen esta circunstancia podría encontrarse en el hecho de la muy deficiente industrialización española de la época. Fue una pena, porque fue en el siglo XIX cuando se institucionalizó la ciencia y cuando el tren que la lleva a cuestas cogió un impulso tal, que ahora, obviamente, resulta imposible alcanzarlo [...].
Para la historia de la ciencia española, el siglo XX comenzó en 1907 con la creación de la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, conocida como la JAE. La iniciativa partió del Ministerio de Instrucción Pública, que se constituyó en 1900. Es decir, que hasta esa fecha en España no hubo un ministerio dedicado a la educación.
La JAE se creó como una institución autónoma, aunque dependiente del Ministerio de Fomento, dedicada a la promoción de la investigación científica e inspirada en la ideología que caracterizaba la Institución Libre de Enseñanza.
De hecho, el investigador Vicente Cacho ha definido la JAE como "un fruto, un logro tardío, de la Institución Libre de Enseñanza". Señala que las evidencias a favor de las conexiones entre ambas instituciones son muy abundantes pues en la creación de la Junta se encuentran redes en las que no es difícil identificar nombres vinculados a la institución, entre ellos el del propio Francisco Giner de los Ríos.
El primer presidente de la JAE sería Santiago Ramón y Cajal, quien ostentaría ese cargo hasta su muerte en 1934. En esta institución investigaron los mejores cerebros españoles de la época, entre otros, Blas Cabrera, Ignacio Bolívar, Miguel Catalán, Enrique Moles, Julio Rey Pastor, Nicolás Achúcarro, Pío del Río Ortega, Juan Negrín, Gonzalo Rodríguez Lafora, Antonio de Zulueta, Eduardo Hernández Pacheco, Julio Palacios, Arturo Duperier, Manuel Martínez Risco, Antonio Medinaveita y jóvenes como Francisco Grande Covián, Severo Ochoa o Luis Santaló, que terminaron tras la guerra civil por contribuir de forma destacada en el desarrollo de la bioquímica estadounidense [...].
Uno de los principales objetivos de la JAE era propiciar que los científicos españoles se trasladaran al extranjero para que aprendieran nuevas técnicas y para paliar el aislacionismo científico que tenía España y que provenía de la época de Felipe II. Para ellos se crearon las pensiones que corresponderían a lo que hoy denominamos becas y que serían tan famosas que algunos críticos se referían a la JAE como la "Junta de Pensiones".
A esta necesidad de que los científicos españoles salieran al exterior y que sus estudios pudieran ser sufragados por el estado se refiere de forma expresa el decreto fundacional de la JAE en el cual se señala:
"El pueblo que se aísla se estaciona y descompone. Por eso todos los países civilizados toman parte de este movimiento de relación científica internacional, incluyendo en el número de los que en ella han entrado, no sólo los pequeños estados europeos, sino hasta las naciones que parecen más apartada de la vida moderna, como China o la misma Turquía, cuya colonia de estudiantes en Alemania es cuatro veces mayor a la española, antepenúltima entre todas las europeas, ya que sólo son inferiores a ella en número Portugal y Montenegro".
Debe recordarse que en aquella época Alemania era el país cuya ciencia estaba más desarrollada y que, incluso, los Estados Unidos enviaba estudiantes al país germano que en el curso 1904-1905 llegó a contar con unos siete mil estudiantes extranjeros, de los que más de cuatro mil estaban matriculados de forma oficial en sus facultades universitarias.
Los legisladores liberales que crearon la JAE también incluyeron en su decreto de constitución:
"No olvida el ministro que suscribe que los pensionados necesitan a su regreso, un campo de trabajo y una atmósfera favorable... para esto es conveniente facilitarles, hasta donde sea posible, el ingreso al profesorado en los distintos niveles de enseñanza, previas garantías de competencia y vocación...".
En la memoria de la JAE correspondiente a los años 1914 y 1915 se lee:
"Se hace cada vez más importante la función de recoger a los pensionados que regresan del extranjero y ofrecerles medios de continuar en España sus trabajos. Y también la de evitar mediante modestos auxilios, que vayan precipitadamente a ganar su sustento, en ocupaciones extrañas a su vocación aquellos jóvenes, que por su cultura y sus dotes, pueden dar en otro lugar un mayor rendimiento al país".
Lo triste, a mi juicio, de leer el decreto de fundación de la JAE y su memoria correspondiente a unos años después, no es conocer que el nivel científico español estaba, a principios del siglo XX, por detrás del turco, sino sobre todo comprobar cómo casi 100 años después la ciencia española continúa teniendo los mismos problemas que entonces: la falta de becas y, en especial, de un sitio donde trabajar en el país una vez que sus investigadores se han formado fuera, como demuestra las numerosas manifestaciones de jóvenes científicos desarrolladas durante 1998.
Sin embargo, la política de las pensiones de la JAE dio el fruto esperado y gracias a ellas los científicos españoles pudieron codearse con sus colegas extranjeros y, sobre todo, alguno de ellos pudo volver a España y crear una escuela con discípulos más aventajados. Ante las interesantes perspectivas que se ofrecían, era obvio que la mala suerte llegó otra vez a la España científica, esta vez en forma de guerra civil, cuyas consecuencias fueron la deportación de la mayoría de esos científicos, acusándolos, cómo no, de anticlericales. Con todo, el principal problema que supuso la guerra civil fue la brusca interrupción de la dinámica de maestros y discípulos. Máxime en una disciplina como las ciencias experimentales en las que más que grandes hombres, se necesitan grandes equipos bien coordinados. No es como el arte o la literatura que pueden adquirir las máximas cotas apoyándose sólo en dos o tres genios [...]
 
Continúa en La ciencia española en los siglos XIX y XX (2) 
Carlos J. Elías, 2001.

Influencia de la historia de España (siglos XIX y XX) en el periodismo especializado en ciencia
Vía: Revista Latina de Comunicación Social , número 39, de marzo de 2001 , La Laguna (Tenerife):
 
 
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