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En defensa del Olivar de Chamartín

CARTA DE LA FUNDACIÓN RAMÓN ARECES A LA FUNDACIÓN MENÉNDEZ PIDAL NOTIFICANDO QUE VA A DESAHUCIARLOS CAMBIANDO LAS CERRADURAS

Carta de la Fundación Ramón Areces, fechada el día 12, certificada en Correos el día 13 de junio de 20007 por el notario, y recibida el 20 de junio de 2007 en la Fundación Ramón Menéndez Pidal.
Es evidente que no conocen el procedimiento legal. Y es evidente que ni se han molestado en buscar una excusa plausible.

DENUNCIA INTERPUESTA POR EL PRESIDENTE DE LA FRMP CONTRA LA FUNDACIÓN RAMÓN ARECES EN EL JUZGADO

DENUNCIA INTERPUESTA POR EL SECRETARIO DE LA FRMP EN COMISARÍA

FORO DE LOS AMIGOS DEL OLIVAR

 

Hemos abierto un Foro anexo a esta bitácora. En los enlaces está el acceso directo al Foro de los Amigos del Olivar , donde intercambiar noticias, y opiniones.

ASALTADA LA SEDE DE LA FUNDACION RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL, EN EL OLIVAR DE CHAMARTÍN,

ASALTADA LA SEDE DE LA FUNDACION  RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL,  EN EL OLIVAR DE CHAMARTÍN,

El viernes 8 de junio, a las 20,27 horas, el Servicio de seguridad de la Fundación Ramón Areces dejó en el teléfono de la Fundación Menéndez Pidal un escueto aviso de que unos vecinos de la calle Henri Dunant (en la acera de los números pares) denunciaban la existencia de una fuga de agua en la Fundación Menéndez Pidal. La Fundación Areces no utilizó los teléfonos particulares ni del Presidente ni del Secretario General (de que han hecho uso en otras ocasiones) para advertir el supuesto accidente.
El sábado día 9, a primera hora de la mañana, el Secretario General de la Fundación, don José Manuel Pérez-Prendes Muñoz de Arraco, accedió a la finca y casa y pudo comprobar que no había fuga ninguna de agua. Al abandonar la sede, algunos minutos antes de las 9 horas, dejó la puerta principal de acceso a la finca cuidadosamente cerrada.
A las 8'20 de la mañana del martes 12 de junio llegué a la Fundación y, me encontré con que la puerta de acceso a la finca había sido manipulada maliciosamente desde el interior: descorridos los cerrojos, alzados los anclajes al suelo y sujetos con una cinta de plástico fuerte atada al mango de uno de los cerrojos. Con un mero empujón, cualquier persona o vehículo podía acceder libremente al interior de la propiedad sin necesidad de llaves.
Sin poder imaginar el quién, cómo, cuándo y para qué de tan sospechosa acción, que Pérez-Prendes y yo creimos realizada aquella noche o madrugada, ponderamos la gravedad de unos hechos como los detectados. Los planes a los que aquellos preparativos apuntaban podían ir dirigidos, bien para atentar contra la integridad de la "Casa Menéndez Pidal" y de sus insustituibles fondos documentales histórico-culturales, bien contra los edificios o personas de casas vecinas, donde residen personalidades destacadas del mundo de la economía y negocios. En vista de ello, el Secretario General de la Fundación presentó denuncia telemática de tales hechos ante la Dirección General de la Policía, denuncia que ratificó después en la Comisaría de Chamartín, a donde le acompañé. Allí la policía nos advirtió que, dado que no se habían producido daños materiales ni personales, no esperásemos que la denuncia diera lugar a ninguna investigación.

Al ir compartiendo la extrañeza y sospecha con el equipo de podadores de los olivos que aquel día y en el siguiente trabajaban en el jardín, con la profesora de la Universidad Central doña Remedios Morán Martín, visitante de la Fundación en la mañana del día 12, con el Bibliotecario de la Fundación, el profesor de la Universidad Autónoma don José Polo, con los lectores que en la mañana del dia 13 investigaban en la Fundación (el académico don José Manuel Sánchez Ron y el licenciado don Mario Pedrezuela Fuentes), sus comentarios y elucubraciones hicieron crecer mi alarma. Pero el colmo fue el poder desvelar quienes pudieron perpetrar el asalto.
Según el relato de un trabajador de la finca adyacente a la de la sede de la Fundación, el sábado 8 de junio, poco después de las 9 de la mañana, tres individuos pretendieron escalar la tapia desde una servidumbre de paso que discurre entre ambas fincas y le ofrecieron presentarle documentación acreditativa de que pertenecían a la Fundación Ramón Areces. Cuando él se negó a entrar en tratos, se alejaron. Más tarde, al abandonar ese trabajador su finca, alcanzó a ver, cómo esos individuos, provistos de una gran escalera, escalaban, desde la calle Menéndez Pidal cerca de la esquina de la calle Henri Dunant, la tapia y verja de la sede de la Fundación Menéndez Pidal, a la vista de varios transeúntes.
Hacia las 17, 30 horas del día 12, una vez que los podadores interrumpieron su trabajo y abandonaron la finca, cuando me disponía a dejar la sede de la Fundación, me salieron al paso, en la puerta de la finca, tres personas.: dos hombres y una mujer. Uno de ellos dijo ser un notario que venía de parte de la Fundación Ramón Areces; los otros no aclararon su identidad. Me expuso, seguidamente, que venía a comprobar si un dossier de fotografías, que llevaba en una carpeta, reflejaba la realidad actual. Inquirí cuándo, cómo y por quién se habían hecho tales fotografías del interior de la finca sin conocimiento de la Fundación y contestó que él no lo sabía. Le objeté que deseaba contar como testigo con el Secretario Gerneral de la Fundación y me puso ante el dilema de dar cuenta de que yo no le había permitido el acceso o entrar de inmediato a realizar su misión. Le acompañé para identificar los puntos desde donde se habían tomado aquellas fotografías supuestamente demostrativas del abandono en que se hallaba el jardín histórico y tuvo que reconocer que las fotos no correspondían a la realidad que tenía ante la vista.
La Fundación Ramón Menéndez Pidal ha intentado mantener con la Fundación Ramón Areces las relaciones de cooperación previstas y preceptuadas en el vigente Convenio entre ambas Fundaciones, formalizado el 9 de mayo de 1984, que dio lugar a la creación de la "Casa Menéndez Pidal" como centro histórico y de investigaciones (inaugurado por la Reina Sofía y hoy protegido urbanísticamente por el Ayuntamiento de Madrid).
El 30 de octubre de 2006, ante el prolongado incumplimiento por parte de la Fundación Ramón Areces de lo preceptuado en el Convenio y aun de las normales obligaciones de propietario, solicitamos una vez más la preceptiva convocatoria del Consejo Mixto de las Fundaciones, encargado de velar por el cumplimiento de sus obligaciones. No obtuvimos respuesta, y así lo hicimos saber mediante la carta que, como Presidente de la Fundación Ramón Menéndez Pidal, dirigí, el 18 de diciembre de 2006, al Patrono-Presidente de la Fundación Ramón Areces don Isidoro Álvarez y a cada uno de los restantes Patronos de dicha Fundación (1).
La entrada sin permiso en la Fundación Menéndez Pidal, mediante escalo, la manipulación de la puerta de la finca dejándola accesible durante tres días a cualquiera que hubiera querido actuar contra su integridad o, desde su interior, atentar contra la seguridad de las fincas de personas de relevancia que viven en la vecindad, así como la obtención de las "peculiares" fotografías del jardín como base maliciosa –y falaz- de una acusación de abandono, acciones realizadas por quienes dijeron ser empleados de la Fundación Ramón Areces, han sido objeto de denuncia en el Juzgado Decano de Madrid el día 13 de junio de 2007, rogando a Ilmo. Sr. Magistrado-Juez Decano que determinase si hechos tan graves eran constitutivos de delito, y para prevenir que el Olivar de Chamartín, la Casa Menéndez Pidal y la preciosa documentación de valor universal en ellos guardada puedan sufrir algún tipo de atentado que los destruya o desvalore, o que desde el interior de la sede de la Fundación Ramón Menéndez Pidal puedan realizarse acciones criminales contra sus vecinos.

Diego Catalán Menéndez-Pidal, Presidente de la Fundación Ramón Menéndez Pidal

(1)DOCUMENTO ANEJO: CARTA DEL PRESIDENTE DE LA FUNDACIÓN RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL A LOS PATRONOS DE LA FUNDACIÖN RAMÓN ARECES

Madrid, 18 de diciembre de 2006
A don Isidoro Álvarez Álvarez
Patrono-Presidente de la Fundación Ramón Areces

Estimado amigo:
En cumplimiento del Convenio formalizado por las Fundaciones Ramón Areces y Ramón Menéndez Pidal el 9 de Mayo de 1984 (ante el notario de Madrid Aurelio Escribano Gozalo) y del Acta de la reunión del Consejo de Patronato de la Fundación Ramón Areces el 15 de Junio de 1984 (certificada por el Secretario de la Fundación y con el visto bueno del Patrono don Ramón Areces), ambas Fundaciones remitieron la función de asegurar el cumplimiento del Convenio a un Consejo Mixto de Patronos, constituido por tres miembros de la Fundación Ramón Areces y dos miembros de la Fundación Ramón Menéndez Pidal y cuya Presidencia corresponde a uno de los representantes de la Fundación Ramón Areces.
Según se dispuso en el documento constitutivo de ese Consejo Mixto, destinado a velar por el cumplimiento del Convenio (26/junio/1984), artículo 7º: “Las reuniones del Consejo Mixto de Patronos serán convocadas por el Presidente del mismo al menos dos veces al año”.
Así vino haciéndose hasta el año 2003, coincidente con el fin de una Ayuda trienal de la Fundación Ramón Areces “destinada a los trabajos de investigación que se llevan a cabo en los denominados ‘Laboratorios Humanísticos’, que dirige el profesor D. Diego Catalán Menéndez-Pidal, habiéndose publicado diversos trabajos como fruto de su labor investigadora. Entre los últimos trabajos llevados a cabo por el Prof. Catalán, cabe destacar ‘El Archivo del Romancero’”, según recoge la Memoria de Actividades 2002-2003 de la Fundación Ramón Areces, págs 69-70.
Como esta Fundación Ramón Menéndez Pidal hace constar en su adjunta “Memoria del trienio 2004-2006”, en estos últimos tres años la Fundación Ramón Areces nunca ha convocado la Comisión Mixta en cumplimiento de ese artículo 7º.

De resultas, ha dejado sin efectuar los libramientos semestrales correspondientes
a) de una parte, a los gastos generados por el mantenimiento de la propiedad constituída por la “Casa y Jardín Menéndez Pidal” (sede obligada de la Fundación Ramón Menéndez Pidal según el Convenio de 1984) y,
b) de otra, a la Ayuda de Investigación destinada a hacer efectiva la colaboración en la actividad científica descrita en el citado Convenio, cuya vigencia se hace constar en la Memoria de Actividades 2004-2005 de la Fundación Ramón Areces, pág. 75, publicada en el presente año (en el capítulo dedicado a la “Colaboración de la Fundación Ramón Areces con Reales Academias, Fundaciones y Otras Instituciones”), así como en la “Presentación” del Patrono-Presidente don Isidoro Álvarez Álvarez , pág. 7. En ella se hace pública la concesión y logros, en los citados años 2004-2005, de la “Ayuda destinada a los trabajos de investigación que dirige el profesor D. Diego Catalán Menéndez-Pidal, habiéndose publicado diversos trabajos como fruto de su labor investigadora. Entre estos trabajos cabe destacar El Archivo del Romancero y, muy recientemente, Historia de la Lengua española, obra póstuma de D. Ramón Menéndez Pidal, ordenada y concluida por el Profesor Catalán” (a cuya presentación asistió el Presidente del Consejo de Ciencias Sociales de la Fundación Ramón Areces, don Luis Ángel Rojo, en representación de la misma, para hacer explícito el mecenazgo de ella, según noticia recogida por toda la prensa).

A solicitud del Secretario General de la Fundación Ramón Areces, don Juan González-Palomino Jiménez, la Fundación Ramón Menéndez Pidal, en carta del Secretario de la misma, don José Manuel Pérez-Prendes Muñoz-Arraco, al citado Secretario General de la Fundación Ramón Areces, solicitó oficialmente (el día 30 de octubre de 2006) la reunión del “Consejo Mixto de Patronos” de ambas Fundaciones, a fin de actualizar sus relaciones y el cumplimiento de los Convenios, Acuerdos y Programas que tan reconocidos resultados en el campo de la Humanística han venido dando.
En el día de hoy, en que la Fundación Ramón Menéndez Pidal tuvo su segunda Junta anual de Patronato, de acuerdo con lo dispuesto en sus Estatutos, no se ha recibido la esperada convocatoria del Consejo Mixto por la Fundación Ramón Areces, ni respuesta a la citada carta del día 30 de octubre por parte del Secretario General de la misma.
Tan inexplicable y descortés actitud, que suponemos ajena al conocimiento de la Presidencia, Patronato y Comités Científicos de la Fundación Ramón Areces, obliga a la Fundación Ramón Menéndez Pidal a transmitir al conjunto de las personas integrantes de esos organismos nuestra protesta por el incumplimiento del Convenio de 1984 entre ambas Fundaciones. Al mismo tiempo, la Fundación Ramón Menéndez Pidal manifiesta su firme propósito de continuar cumpliendo, como nunca ha dejado de cumplir, con sus obligaciones institucionales como Fundación sin ánimo de lucro de interés cultural y las contraidas en el citado Convenio de mayo de 1984 con la Fundación Ramón Areces, así como las derivadas de la decisión del Ayuntamiento de Madrid (con el voto unánime de todos los concejales de los diversos partidos) de conceder la máxima protección para el “Olivar de Chamartín” y amparar la antigua vivienda de Ramón Menéndez Pidal y actual sede de la Fundación del mismo nombre con el nivel 1 grado integral de protección, calificándola como Equipamiento Privado Cultural, y, finalmente las inherentes a tener a su cargo la custodia, en el interior de dicha casa, de un Patrimonio cultural histórico en cuya preservación, estudio, difusión y disfrute por las generaciones futuras está comprometida.
Entre estas obligaciones se hallan las de cumplir los Programas de actuación que acompañan a la “Memoria” adjunta, y alguna de ellas exige acción inmediata, como es la de dar orden de impresión de la Segunda edición de la Historia de la Lengua española, corregida, ya que esta obra póstuma de Menéndez Pidal ha tenido una espléndida recepción y se ha agotado su edición príncipe antes de un año.
En vista de ello, la Fundación Ramón Menéndez Pidal, de no recibir indicación en contrario por escrito antes del próximo día 24 de diciembre, se verá forzada a hacer constar, en la contraportada de la nueva edición, que la obra, lejos de lo afirmado en la contraportada de la Primera edición (fiados en una inmejorable tradición de cooperación entre las Fundaciones) y de lo asimismo expresado en el acto de presentación pública de la misma en la Academia Española (el 13/07/05), no ha sido beneficiaria del mecenazgo de la Fundación Ramón Areces.
Asimismo, la Fundación Ramón Menéndez Pidal, al presentar sus cuentas ante la gestora AUXADI y el Ministerio, tendrá que dejar constancia de que no ha malversado este trienio la Ayuda a que se alude en la Memoria impresa de la Fundación Areces, ya que no la ha recibido, y, de otra parte, contabilizar como pérdidas de su Patrimonio los gastos generados por la conservación de la “Casa y Jardín Menéndez Pidal”.
Con este desagradable motivo, te saluda personalmente, seguro de tu desconocimiento de la cuestión y en espera de un pronto esclarecimiento de la inconcebible situación

Diego Catalán Menéndez Pidal
Presidente

Y, en términos similares, escribí personalmente a cada uno de los restantes patronos (salvo al Patrono-Secretario, pues le constaban ya los hechos): César Álvarez Álvarez, Jose Antonio Álvarez López, Margarita de Borbón, Juan Hermoso Armada, Florencio Lasaga, Carlos Martínez Echavarría, Federico Mayor Zaragoza, Jorge Pont Sánchez, Julio Rodríguez, Luis Ángel Rojo, José Ramón Tamargo Areces, Manuel Varela Parache, Leopoldo Zumalacárregui Calvo.
La presente carta fue anunciada y comunicada en sucesivas Juntas de Patronos de la Fundación Ramón Menéndez Pidal, a las cuales se convocó, como Patrono de la misma, a don Isidoro Álvarez y a las que éste nunca asistió.

 

 

OLIVAREROS DE AGROSEGURA EN AUXILIO DEL OLIVAR DE CHAMARTÍN



"El "Olivar de Chamartín". Un paraje madrileño protegido

A muchos gienenses les habrá sorprendido la noticia de que, en el pasado mes de abril, en medio de la labor de poda de los miles de olivos de Jaén y su sierra, José María Ferré Quijano , Presidente de la Cooperativa Agrosegura de La Puerta de Segura (*)se preocupara de enviar a Madrid unos expertos (Ramón Olivares Cespedal y Gregorio Fernández Flores), no para negociar con las autoridades nacionales, sino para prestar ayuda ¡manual! de saneamiento y poda de un puñado de olivos centenarios madrileños pertenecientes al llamado "Olivar de Chamartín". ¿Acaso se están "decorando" con olivos centenarios los jardines en torno a los nuevos rascacielos más allá de la llamada "Puerta de Madrid" al fondo de la Castellana?
Afortunadamente, no se ha llegado a someter a unos olivos centenarios a un degradante trasplante. El "Olivar de Chamartín" estaba ya donde está cuando el Emperador Napoleón llegó a poner sitio a Madrid, hará pronto un par de siglos, y se alojó en Chamartín de la Rosa, en un palacio de recreo del Duque de Pastrana. Sus tropas acamparon en el "Olivar del Balcón", para vigilar, desde ese mirador natural, allá en su lejanía, a la capital rebelde (cuyo casco urbano sólo llegaba hasta lo que es hoy la Biblioteca Nacional (entonces La Veterinaria) y la Puerta (hoy Plaza) de Bilbao.
Al "Olivar del Balcón" (antiguo nombre del "Olivar de Chamartín) se ascendía por la "Cuesta del Zarzal", viniendo de Madrid a Chamartín. Desde Chamartín, Napoleón Bonaparte nos hizo a los españoles un buen regalo, cuyo segundo Centenario deberíamos celebrar en 2008: el decreto de abolición de la Inquisición. Y, afortunadamente, sus soldados no sintieron la necesidad de talar los olivos, ya que el "Olivar de Chamartín" conserva ejemplares multiseculares.
El "Olivar de Chamartín" (donde, por cierto, se halla también el más imponente y majestuoso madroño de la "ciudad del oso y del madroño"), es hoy un curiosísimo enclave de naturaleza en el área norte de Madrid, donde la avidez de suelo sobre el que alzar rascacielos ha convertido cada palmo de terreno en una mina de oro. La urbe ha ido engullendo lo que hasta no hace mucho era una frontera entre la ciudad propiamente dicha y un campo que preludiaba la serranía y por donde penetraban en Madrid bocanadas de aire puro.
Gracias a un acuerdo unánime del pleno de la Junta municipal de Madrid, al "Olivar de Chamartín" se le va a conceder el máximo grado de protección en el Plan General de Ordenación Urbana y, asimismo, a la "Casa Menéndez Pidal", hoy sede de la Fundación Ramón Menéndez Pidal. Es una decisión que hay que agradecer al organismo competente del Municipio y al extraordinario eco, nacional e internacional, que tuvo el llamamiento de un grupo de "Amigos del Olivar de Chamartín", a través de Internet, cuando sobre ese espacio natural se cernía, por falta de protección urbanística, la amenaza de ser desnaturado, lo que dio lugar al envío de más de 2.500 cartas de personas individuales e instituciones que conocían y apreciaban ese histórico olivar. En la actualidad, el tema "Amigos del Olivar de Chamartín" ha dado lugar a unas 25.000 páginas en la red.
¿Qué hay de singular en este "Olivar" urbano, madrileño, para merecer tan especial atención en una España con hectáreas y hectáreas de hermosísimos y utilísimos olivares? Creo que el ser ejemplo de lealtad, y de fidelidad continuada a la Historia: la permanencia de esos olivos constituye un símbolo visible de la continuidad siempre viva de valores y objetivos culturales en cuya caducidad los "conservacionistas" de ese enclave de Naturaleza no creemos, por más que cada tiempo aporte nuevas realidades (muchas negativas, y otras positivas, que también las hay).
El que el olivar de la Cuesta del Zarzal -de ser un paraje entre Mahudes y Las Cuarenta Fanegas en los campos situados al Norte de la ciudad de Madrid- pasara a ser una referencia toponímica en los círculos científicos y humanísticos de Europa y de las dos Américas en el primer tercio del siglo XX, se debe a un hecho del que este año de 2007 se está celebrando su Centenario: el decreto de creación, por un gobierno ilustrado de la Monarquía, de la "Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas", institución que, en un rápido proceso de recuperación del distanciamiento de España respecto al progreso mundial de la Ciencia, logró incorporar nuestro país al grupo de naciones destacadas en el desarrollo de la investigación y la enseñanza. Ignacio Bolívar, Presidente de la Junta tras Santiago Ramón y Cajal, y Director del Museo de Ciencias Naturales, así como su hijo Cándido Bolívar, Ramón Menéndez Pidal, Vicepresidente y Director del Centro de Estudios Históricos, así como su yerno Miguel Catalán, José Castillejo, Secretario General de la Junta, juntamente con el Catedrático de ictiología y piscicultura, construyeron sus residencias permanentes en el "Olivar de Chamartín", creando una pequeña "Casa de campo" intelectual, desde donde realizaron su labor de remodelación de las bases culturales, científicas y pedagógicas de España. Como revalorizadores de la Naturaleza española, enriquecieron el primitivo olivar con la flora característica de la Sierra central, especialmente con su variado muestrario de plantas aromáticas, tan poco apreciadas por la burguesía ciudadana española y tan envidiadas por los viajeros internacionales que accedían al "finisterre" europeo que entonces era la Península.
Que el "Olivar de Chamartín" sea un patrimonio, no sólo de interés para el Municipio y la Comunidad de Madrid, sino nacional o incluso universal , depende de la rara continuidad en él, no sólo de la memoria histórica de un grupo de hombres que presidieron la mayor transformación cultural que ha presenciado este país en tiempos modernos y de la institución que crearon y cobijó esa transformación, sino de una parte del quehacer científico por ellos iniciado, gracias a la permanencia, en la "Casa Menéndez Pidal" (hoy sede de la "Fundación Menéndez Pidal) de unos fondos archivísticos únicos (entre ellos el "Archivo del Romancero pan-hispánico") y de una constante labor investigadora en ellos basada que viene trasformando en diversos campos del saber el panorama heredado.
La petición de ayuda a los olivareros gienenses, tan solícitamente atendida por la Cooperativa Agrosegura de La Puerta de Segura y, en especial por Ramón Olivares Cespedal, responde a la percepción de la Fundación Ramón Menéndez Pidal de que el "Olivar de Chamartín" no es un jardín gobernable con criterios de jardinería ornamental o paisajista, sino un ejemplo, en la capital del Estado, de uno de los dones más notables con que la Naturaleza ha personalizado y enriquecido a España, cuyo cuidado concierne y sólo puede ser debidamente llevado a cabo por olivareros.
Así lo comprendió y valoró ya Ramón Menéndez Pidal cuando decidió "echar raíces" en aquel olivar de las cercanías de Madrid y lo expresó con estas palabras: "El olivo, árbol de la sabiduría de Minerva. Un don del cielo al pueblo elegido. Recibo como un don estos olivos que yo no planté". Y así lo comprendieron ya otras generaciones de olivareros que, en los difíciles años de la posguerra, consideraron a Ramón Menéndez Pidal como si lo fuera y buscaron su patronazgo para hacer la defensa del olivo y exponer su historia.
Y al cabo de los años, los olivareros de Agrosegura vinieron a Madrid para podar y tratar los viejos olivos de Chamartín, gratuitamente, sin aceptar pago alguno.
Y, por otra parte ¿acaso existe dinero en el mundo que pueda pagar esta solidaridad, esta generosidad, y esta fraternidad inter pares?
En nombre de la Fundación Menéndez Pidal doy las gracias a José María Ferré Quijano, presidente de la Cooperativa Agrosegura, a Ramon Olivares Cospedal y a Gregorio Fernández Flores, que hicieron un magnífico trabajo. Es un honor tener esta deuda de gratitud con ustedes, y reconocerla públicamente.

Diego Catalán, Presidente de la Fundación Menéndez Pidal

Imagen de cierre: Olivar con cielo azul, de Vincent Van Gogh

(*)Sociedad cooperativa andaluza del campo Agrosegura
Puerta de Segura, s/n - C.P. 23360 - La Puerta de Segura (Jaén)
Teléfono 953 48 64 23
www.agroseguraaceites.com


 


EL MANUSCRITO DE VIVAR DE MIO CID

 

1. EL MANUSCRITO DE VIVAR Y LA GESTA.

1.1. Gracias a la devoción local de los habitantes del pueblecito burgalés de Vivar a su famoso coterráneo Rodrigo Díaz (como acertadamente nota Geary 1983-84, pág. 185) se ha conservado hasta tiempos modernos el único manuscrito en forma poética casi completo que hoy conocemos de la épica medieval española, y no porque un público de lectores medievales de literatura determinara que sólo el Mio Cid y no los restantes poemas tenía valor literario (como especula Smith, 1977b). Sin duda, el hecho es puramente casual, aunque el haber sido el Cid el héroe nacional hispano por excelencia no deje de haber influido indirectamente en ello.
El manuscrito de Vivar lleva un explicit que (antes de ser adicionado por otra mano del s. XIV con una fórmula juglaresca con propósitos recaudatorios1) decía

“Quien escrivió este libro dél’ Dios para´yso amén/
Per Abbat le escrivió en el mes de mayo / en era de
mill e .C.C. ( ) xLv. años”

La fórmula empleada hace imposible considerar estas palabras una firma de autor; se trata de un típico explicit de amanuense (según, una vez más, ha demostrado Schaffer, 1988-89 en un estudio exhaustivo de la cuestión)2. Sin embargo, el año consignado en el explicit, equivalente al 1207 de Cristo, no corresponde al tiempo de la letra del manuscrito, que es del s. XIV3. Si no aceptamos el supuesto de que en la trasmisión de la fecha hubo alguien que eliminó una C (debido a que en el espacio blanco que hemos señalado entre paréntesis no hay huellas de ella)4, la explicación más sencilla sería (Horrent, 1964b, págs. 275-282; 1973, págs. 197-207) la de que el último amanuense del s. XIV hubiera copiado la subscripción de un proto-texto escrito en 1207 y hubiera dudado al trascribir la fecha, por estar acostumbrado a fechas con tres CCC. La fecha de mayo de 1207 sería así el terminus ad quem, ya que no la de composición del Mio Cid (Montaner, 1993, pág. 688). Siendo el nombre de “Per Abbat” muy común (Menéndez Pidal, 1908-1911, reprod. 1944-1946, I, págs. 17-18 y n. 3), no podemos utilizarlo (Michael, 1991) para localizar, no ya la composición del poema5,sino ni siquiera su “escritura” en pergamino (tanto si fue el copista del supuesto manuscrito de 1207, lo cual es bastante probable, o si le asignamos la tarea de copia del manuscrito conservado, como pensó Menéndez Pidal).

1.2. Este manuscrito de Vivar del s. XIV no es un lujoso códice “de biblioteca”; pero no por ello resulta identificable6 con un “manuscrito de juglar” (como lo clasifican Riquer, 1959b, pág. 77 y Duggan, 1982, pág. 39); más bien parece haber sido escrito por encargo del propio concejo que lo conservó desde el s. XIV hasta el s. XIX 7. Frente a lo que inicialmente sospechaba Lord (1960, pág. 127) y trataron de desarrollar algunos epígonos del (o conversos al) “oralismo” (Harvey, 1963; Deyermond,1965; Aguirre, 1968), los principales defectos que presenta el texto del manuscrito conservado, en tanto representante de la obra poética, no proceden de errores del dictado de un juglar a un escriba, sino de la tradición escrita, de la trasmisión de copia a copia, como reconoció más tarde Deyermond (1969, págs. 199), hablando de una doble causa para los errores8, y reafirma Vàrvaro (1969, n. 28), con base en lo puesto en evidencia por Menéndez Pidal (1908-1911, I, pág. 28-33). Ello es lógico, dado lo tardío del códice conservado. Sólo admitiendo la existencia de un texto escrito en fecha bastante más antigua que el manuscrito de Vivar (o de una serie de textos) puede explicarse la mixtura evidente que en él se observa de rasgos lingüísticos heredados y de rasgos lingüísticos superpuestos9.
Según ocurre con cualquier texto llegado a nosotros en una copia, el Mio Cid del manuscrito de Vivar no es un documento fiable en cuanto ejemplo de la lengua del tiempo en que se compuso el poema: sólo lo que en él resalta por “arcaico” es atribuible al estado original del texto, pues cualquier “novedad” puede, en principio, considerarse debida al proceso de trasmisión de copia a copia; de ahí la inutilidad de los argumentos de base lingüística fundados en la observación del manuscrito del s. XIV para sustentar una datación de la composición del poema “posterior a” determinada fecha10. También es, por otra parte, tarea imposible (dada la limitadísima ayuda que proporciona la prosodia11 intentar la reconstrucción del texto primigenio en lo referente a su lengua. A través de la crítica interna sólo cabe hacer contadas observaciones, las cuales, eso sí, bastan para poder afirmar que el Mio Cid, al pasar de copia en copia, fue despojado de algunos importantes rasgos lingüísticos. Es altamente probable (Menéndez Pidal, 1944-1946, pág. 1197; Lapesa, 1985, pág. 31) que en el prototipo mismo tenido ante sí por el copista de Vivar, allí donde él escribió lorar, legar, leña, lamar, corneia, oios, mugier, fiias, ynoios, etc., constara *plorar, *plegar, *plena, *clamar, *cornella, *ollos, *muller, *fillas, *inollos, etc. o sus equivalentes *corneyla, *oylos, *muyler, etc., en vista de la existencia en el manuscrito conservado de la grafía plorando, en el v. 18, y de las ultracorrecciones Guiera (vv. 1160, 1165, 1727) y Casteion (v. 1329) por “Cullera” y “Castellón”, topónimos levantinos; también en el prototipo se emplearían muy posiblemente las grafías i o g para escribir lo que él transcribió con una ch: *eiados, *conduio, *nog, etc., dada la pervivencia de esa grafía arcaica con indistinción de las africadas sordas y sonoras en el antropónimo de origen vasco Oiarra, “Ocharra” (vv. 3394, 3417, 3422). En los finales de verso, el prototipo no sólo diría Trinidade (v. 2370), alaudare (v. 335), sino también Bivare, altare, male, vane, perderade o perderave, Carrione, Campeadore, sone, entrode o entrove, naçiode o naçiove, etc. puesto que en él se da la equivalencia asonántica á = á.e, ó = ó.e, í = í.e y se produce la lección errónea entrava en una serie en ó.e, y puesto que otros poemas épicos y romances viejos escriben las -e, -de y -ve “paragógicas”12. Otras características de la lengua empleada en el Mio Cid que la copia oculta (y no sabemos si ocultaba o no el antígrafo) son la no diptongación en ue de la o˘ latina (font o fuont, mort o muort, alon o aluon, poden o puoden, Osca o Uosca, dolo o duolo etc.); el empleo de *fo o *fuo, no fue (v. 2075...); los patronímicos *Vermudóz o *Vermuóz y no Vermúez (vv. 1894, 1907, 1919, 1991, etc.), *Simenones o *(E)ximenones y no Siménez (vv. 3394, 3417, 3422) y *Assuórez o Assórez y no Assúrez (v. 3008). A través de estos rasgos reconstruidos y de los que, procedentes del prototipo, sobreviven en la copia, se ha intentado situar lingüísticamente el texto original en la geografía peninsular. Aunque la mayor parte de aquellos rasgos que algunos críticos (Ubieto, 1957 y 1973; Pellen, 1976b) tildaron de no castellanos tienen títulos suficientes para ser considerados propios del “castellano” utilizado en la Extremadura castellana y la Transierra (según muestra la réplica contundente de Lapesa, 1980, reed. 1985, págs. 11-31; también Menéndez Pidal, 1960, recog. 1963a), creo que, si poseyéramos el antígrafo del que se sacó la copia de Vivar, la lengua del Mio Cid nos sorprendería por su lejanía respecto a los patrones burgaleses del castellano, toda vez que, a lo que parece, ese prototipo conservaba con bastante fidelidad los rasgos lingüísticos de un arquetipo “extremadano”, cuya existencia más adelante defenderé. Aunque las “reliquias” de las características lingüísticas originales transmitidas de copia en copia hasta el manuscrito de Vivar y las restauraciones sugeridas por la prosodia y por las ultracorrecciones no bastan para formarnos una imagen clara ni siquiera de la lengua del antígrafo en que se basa la copia del s. XIV conservada, el estudio de la lengua de esta copia nos asegura, al menos, que el poema tuvo ya forma escrita en un tiempo en que el romance mantenía rasgos más arcaicos que los conservados en los primeros grandes poemas de clerecía de entre 1230 y 1260 (Menéndez Pidal, 1944-46, págs. 1116-1167). El empleo de -óz en el patronímico de Vermudo (que según muestra Lapesa, 1985, págs. 22-24, “pudo existir hasta mediado el siglo XII, difícilmente después”) es fácil que perviviera en la gesta por vía oral (dado su frecuente empleo en la asonancia) y lo mismo ocurre con los usos sintácticos en que el poema se muestra más arcaizante que Berceo; pero el modelo de apócope presente en la copia de Vivar, inusitado en la lengua del s. XIV, no es de creer que llegara a ella por ese camino, sino como herencia del prototipo escrito; y, dentro de ese modelo, sólo por fidelidad al que servía de modelo se explica el mantenimiento de formas como toveldo ‘tove-t(e)-lo’ y nimbla ‘ni-m(e)-la’ (Menéndez Pidal, 1908-1911, reprod. 1944-1946, I, págs. 32-33), que, junto a la grafía -i- por [cˇ] en Oiarra, arriba citada, hacen muy probable la existencia del texto escrito de 1207 que hemos supuesto.

1.3. La imposibilidad de recobrar el texto del poema en su lengua original13 no supone que toda reconstrucción crítica textual deba abandonarse. Aunque sin esperanza de remontar al estado primigenio de la obra, podemos y debemos depurar críticamente el texto conservado en la copia de Vivar, tratando, al menos, de acercarnos a su prototipo (¿la copia previa de 1207?)14. En esa labor no debe nunca olvidarse que el manuscrito de Vivar no es el único testimonio ni el más antiguo que poseemos respecto al poema de Mio Cid. Anterior a él es, indudablemente (frente a las dudas expresadas por Horrent, 1973, pág. 209 y n. 45, quien desconoce los avances realizados en la historia de la historiografía), la prosificación incorporada a la Estoria de España de Alfonso X de c. 1270 y a su refundición crítica de 1282-1284. La tarea crítica de colacionar el texto de Vivar con la tradición historiográfica fue realizada, en su día, por Menéndez Pidal (1898a y 1908-1911), creyendo que en el “Cantar del Destierro” el texto de la Versión amplificada de 1289 derivaba de una Refundición del Mio Cid (y no del mismo Mio Cid que la Versión crítica). Es cierto que, en algunos casos, consideró variantes épicas lo que un mejor conocimiento de la historiografía permite reclasificar como adaptaciones del relato al nuevo género (Catalán, 1963a ó 1992a, cap. IV, § 3 y n. 114); pero la validez y necesidad filológica de la labor ha sido convincentemente defendida por la crítica textual reciente (véase Armistead, 1989; Catalán, 1963a ó 1992a, cap. IV, n. 112; en términos generales ha sido planteada también la cuestión por Dyer, 1979-80 y 1989 y aceptada, como editor, por Montaner, 1993, págs. 80-83 y 85). Otra cosa es el uso que de este testimonio pueda hacerse, ya que es preciso conocer bien las técnicas prosificatorias, amplificatorias y de resumen de la Estoria de España (y de cada una de las versiones en que se nos conserva) para no incurrir en interpretaciones erróneas.
Por otra parte, el hecho de que admitamos una tradición escrita con anterioridad al manuscrito de Vivar15 no excluye la existencia anterior y también posiblemente simultánea de ejecuciones orales y de la trasmisión del texto de memoria en memoria que el género al cual pertenece el poema y la presencia en él de los rasgos estructurales propios del arte juglaresco nos hacen suponer. De hecho, el modo “natural” de vivir y difundirse el texto épico del Mio Cid tuvo que ser, en sus primeros tiempos (e incluso, quizá, en días de Alfonso X), la voz de los juglares en actos repetidos de canto; sólo más tarde debió acudirse a la “lectura” oral pública16.

NOTAS

1) “El rromanz es leydo,
datnos del vino;
si non tenedes dineros,
echad a[l]lá unos peño(l)s,
que bien vos lo darán sobr’e[l]los”

2) Y según los expertos de todos los tiempos han reconocido: Sánchez (1779), Bello (1881), Menéndez Pidal (1908-1911, págs. 12-18), Horrent (1964a y 1973, págs. 199-200), Vàrvaro (1969, pág. 59, n. 27), Rico (1985, págs. 207-208 y n. 19). Nada sustancial respalda el supuesto contrario de Smith (1983); el sistemático reexamen del significado de escrivir en el explicit de códices de los siglos XIII y XIV, realizado por Schaffer (1988-89) y Michael (1991), prueba que no es otra cosa que ‘poner materialmente por escrito’ y que para ‘componer’ se utilizaban otros verbos (distinguiendo en su uso, con notable precisión, varios matices en el modo de crear el texto o razón).
3) Más bien de tiempos de Alfonso XI (1312-1350) que anterior y, probablemente, de mediados del siglo, no de principios (Orduna, 1989, págs. 6-7).
4) Ya Menéndez Pidal (1898b, pág. 113 y 1908-1911, reprod. 1944-1946, pág. 18) notó que en ese blanco no había huellas de una tercera C. No obstante, siguió considerando como explicación preferible la de la desaparición de una C, según habían propuesto otros críticos que le precedieron en el examen del explicit. Montaner (1993, págs. 687-688), tras un examen con recursos técnicos modernos del códice, da razones para negar que se hubiera raspado algo en ese amplio hueco en blanco.
5) Como creyeron antiguamente algunos desconocedores de la onomástica medieval y frente a las desbordantes fantasías modernas de Smith (1983, pág. 67), sobre las que ironizan Rico (1985, pág. 208, n. 19) y Schaffer (1988-89, págs. 144-147).
6) A pesar de su evidente utilización ante el público (véase n. 1).
7) En la conservación, a lo largo de los siglos, de estos “versos bárbaros notables” (como en 1601 los calificaba fray Prudencio de Sandoval) fue un hecho importante la frecuencia con que en ellos figuraba la voz “Bivar” y la presencia del “Rio d’Ovirna” en el discurso de Asur González, cuando menosprecia al Cid recordándole las maquilas que llevaba de los molinos de ese río. Podemos afirmarlo en vista de que en la última hoja del códice una mano del s. XIV transcribió aisladamente los versos del insulto en que aparecía el topónimo (Menéndez Pidal, 1908-1911, pág. 3). Ello prueba que ya en el s. XIV el códice se hallaba en Vivar, y es posible que ese fuese su destino originario. Esta suposición no contradice el hecho, casi seguro, de que se copiara de un manuscrito existente en otro lugar, pues no es de creer que sea substitución de un códice local anterior deteriorado. Orduna (1989), teniendo en cuenta el hecho de que el manuscrito de Vivar, aparte de haber sido corregido por varios amanuenses en el propio s. XIV, pasó por la mano de un lector-amanuense que utilizó su última hoja para ensayar la escritura del párrafo inicial de un romanceamiento de la Altercatio Hadriani Augusti et Epicteti Philosophi y de otros que copiaron oraciones (Menéndez Pidal, 1908-1911, págs. 2-10), sugiere que la copia perteneciera a un taller historiográfico del s. XIV, lo cual no me parece una inducción muy lógica; la alternativa propuesta por Michael (1991, pág. 205), de que el códice se copiara en Cardeña, es más aceptable, si bien completamente gratuita. Lo único seguro es que cuando se escribió el segundo párrafo en la hoja final (el del Río de Ovirna) el códice estaba ya en Vivar. Sólo es, por tanto, una incógnita dónde se escribió el primer párrafo (el de la Altercatio), si es que no son debidos a la misma mano.
8) El doble origen de los errores ha sido aceptado por Walsh (1990-91, n. 5), atribuyendo al dictado de memoria los casos en que Menéndez Pidal descubre o cree descubrir un desorden en los versos del manuscrito. En varios de ellos no me parece la mejor explicación del texto conservado.
9) Los hábitos de copia en los tiempos en que se manuscribió el códice de Vivar hacían posible la sistemática substitución de ciertas formas (consideradas arcaicas o aberrantes) y, a la vez, la reproducción mecánica, en otros casos, de peculiaridades del original copiado.
10) Como el de Pattison (1967), que, por otra parte, se apoyaba en datos y observaciones muy frágiles, según mostró Lapesa (1980), de cuya crítica intenta vanamente defenderse Pattison (1985-86).
11) Sólo las series asonánticas permiten correcciones seguras; el ritmo del verso bimembre no ofrece reglas tan claras (según ya hemos visto, cap. IV, § 9) como para fundar en él reconstrucciones. Por ello, resulta peligroso intentar enmendar el manuscrito único para acomodarlo a una teoría personal acerca de la medida silábica de los versos anisosílabos del poema, según hace Chiarini (1970, págs. 32-45), aunque, por mi parte, considere aceptables (sin necesidad de creer en su teoría métrica) algunas de las correcciones por él propuestas.
12) Los tres estadios cronológicos en el empleo de la -e paragógica que pretende distinguir Horrent (1973, págs. 227-231) no se confirman con los datos positivos de -e paragógica conservados en textos épicos y romancísticos. Como ya observó Menéndez Pidal (1964-69, págs. 1183-1184), autoenmendándose, si bien el entraua del ms. de Vivar parece lectura errónea de un *entroue existente en el original que copiaba, la forma primigenia conservaría la d etimológica de -au(i)t: *entrode (como ocurre en la copia del s. XIII del Roncesvalles). Montaner (1993, pág. 318) cree que el carácter “tardío” de la -e paragógica con -v- antihiática anula la explicación del -ava como mala lectura de -ove; pero entre el prototipo de 1207, al que parece remontar la copia de Vivar, y este manuscrito es posible que existieran otros actos de transmisión manuscrita. Tampoco es segura la universalidad de una pronunciación poética arcaica con conservación de la -d etimológica a comienzos del s. XIII.
13)
El recurso a la comparación externa, esto es, con documentación afín, exigiría determinar de antemano dónde, cuándo y dentro de qué tradiciones lingüísticas impuestas por el género se escribió la obra, lo cual es, claro está, más que difícil. Es, sin embargo, una tarea que, en su día, trató de realizar Menéndez Pidal al ofrecer al público, junto a una edición “paleográfica” impecable (1898b, reprod. 1908-1911, 1944-1946, págs. 909-1016 y 1961b, en este último caso acompañada del facsímil fotográfico, cfr. Montaner, 1993, pág. 84), una edición “crítica” (1908-1911, repr. 1944-1946, págs. 1022-1164) basada en su respuesta a esos interrogantes. Naturalmente, esta doble edición permitió a Menéndez Pidal aplicar en la elaboración de su texto crítico hipótesis correctoras, que, de haber optado por reunir en una ambas ediciones (según harán editores posteriores), no habría ensayado. Por otra parte, es preciso notar que, contra lo que la crítica moderna suele afirmar, Menéndez Pidal fue, para su época, un gran defensor de la necesidad de aplicar un “criterio conservador al hablar de los recursos enmendatorios de que disponemos” y que reaccionó contra excesos anteriores (1908-1911, reprod. 1944-1946, págs. 32-33). Así y todo, es evidente, que cualquier estudio serio del Mio Cid debe tomar como punto de partida su edición “paleográfica” y utilizar la “crítica” tan sólo como un conjunto de anotaciones imprescindibles, y no substituir el texto conservado por este texto pidalino, o cualquier otro similar posterior en el tiempo.
14) Conforme vienen intentando hacer, con variado éxito, críticos de formación filológica como Menéndez Pidal (1908-1911) y Horrent (1964a, 1973, 1978, 1982). Las ediciones de bolsillo de Michael (1975, 1976) y Smith (1972, 1976, 1985), al tratar de combinar en un solo texto la fidelidad paleográfica al manuscrito de Vivar y una presentación en forma de edición más o menos crítica, pecan de no cumplir ni con los preceptos de la una ni de la otra; no pasan de ser ediciones del manuscrito único conservado “normalizadas” para el uso de un público de lectores universitarios, en las que no se aborda la corrección de lo patentemente erróneo en el texto de Vivar. Aunque en algunos importantes detalles pueda hacerse a la de Montaner (1993) una crítica similar, en conjunto responde mejor que las anteriores a los paradigmas de una edición crítica bien fundamentada.
15) Según la conclusión a que llegó Menéndez Pidal en su inicial etapa de filólogo firmemente asentado en el positivismo: “En suma, el códice de Per Abbat se deriva, por una serie no interrumpida de co pias, del original escrito hacia el año 1140. Los arcaísmos de lenguaje nos hacen creer que esas copias fueron pocas, quizá únicamente la dos anteriores a la de Per Abbat que se suponen arriba, y estas dos serían bastante antiguas o por lo menos bastante fieles” (1908-1911, reprod. 1944-1946, págs. 32-33). Son, hoy por hoy, incompletas las comparaciones del texto de Vivar, de mediados del s. XIV, con el que (o los que) alcanzaron a conocer c. 1270 y en 1282-83 los “estoriadores” alfonsíes y, en época incierta, el redactor de la Estoria caradignense del Cid (en el tránsito del s. XIII a s. XIV, o antes). Creo, sin embargo, posible afirmar que tanto el texto alfonsí como el caradignense se conexionaban por vía escrita y no oral con el prototipo de la tradición manuscrita del códice poético conservado. Me baso para afirmarlo en la existencia en el manuscrito al que tuvo acceso Alfonso X de la lectura errónea Teruel por Terrer, en Mio Cid, vv. 571, 585, según muestran los mss. de la Versión amplificada, de la Versión mixta y de la Versión crítica (cfr. PCG, pág. 526b19-20 y n.), y, por otra parte, de las deformaciones sufridas por el topónimo Cullera que se hallan tanto en la Versión crítica como en la “Interpolación cidiana” de la Versión mixta y de la Crónica de Castilla (cfr. PCG, pág. 598a26-27), las cuales reflejan la misma ultracorrección fonética que el Gujera de los vv. 1160, 1165, 1727 del Mio Cid arriba comentado.
16) Que parece indicar la adición de los versos petitorios (citados en la n. 1) al explicit del manuscrito.

Diego Catalán 

RECTIFICACIÓN A “EL PAÍS”

RECTIFICACIÓN A “EL PAÍS”

En la sección de “Cultura” de EL PAÍS, jueves 1 de febrero de 2007, se publicó un artículo, “El ácido gálico retiene a Mío Cid”, en el que se incluye una información que induce a creer que la familia Menéndez Pidal obtuvo en algún tiempo beneficios económicos de la venta del códice de Vivar del Mío Cid, actualmente en la Biblioteca Nacional, Madrid, pues se dice en él textualmente:
“La Fundación Juan March, entidad cultural privada... lo había adquirido por diez millones de pesetas de entonces, 60.000 euros de hoy, a la familia de Ramón Menéndez Pidal, el erudito, filólogo e historiador de la literatura española... etc.”.Ningún miembro de la familia Menéndez Pidal vendió a la Fundación March el famoso códice, que jamás fue de su propiedad.El vendedor fue Roque Pidal, heredero del Marqués de Pidal, y los recipiendarios de los citados millones sus 28 herederos (quienes, por supuesto, no pertenecían a la familia Menéndez Pidal). Los detalles de cómo y por qué adquirió la Fundación March el códice del Mio Cid, para cederlo a la Biblioteca Nacional, y de su venta por Roque Pidal cualquiera puede verlos en Internet, en su publicación conmemorativa del cincuentenario de la Fundación March : y también en la Biblioteca Cervantes Virtual.
Lo que sí recibió, en otra ocasión, Ramón Menéndez Pidal fue el primero de los premios March, el importe del cual Ramón Menéndez Pidal entregó de inmediato a la Real Academia Española.
Nunca fue política de Ramón Menéndez Pidal ni de sus descendientes, ni tampoco de la Fundación Ramón Menéndez Pidal, obtener beneficios económicos privados de su patrimonio cultural. Bien al contrario, han puesto y siguen poniendo gratuitamente ese patrimonio a disposición de las entidades culturales e individuos interesados en su consulta y utilización.

Diego Catalán Menéndez-Pidal




Página de portada del cincuentenario de la Fundación March (ampliada)